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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 52

Me miraba en el espejo; aún tenía mi labio hinchado por la mordida de Ethan y eso que ya habían pasado dos días desde ese encuentro. Al final, cada uno realizó el informe por su lado; no me importaba lo que mi padre ordenara, no iba a estar cerca de él, no después de lo que me hizo.

—Me las vas a pagar, Ethan —bufé frente al espejo de mano. Hoy Felipe estaría en la ciudad y tenía que buscar una buena excusa para este labio.

—Génesis, me indican que la señorita Dalila Núñez ya está en la empresa. —Lo que me faltaba, esa insoportable estaba aquí; esa mujer no me agradaba, tenía que hacer grandes esfuerzos para soportarla.

—Por favor, indica que voy en cinco minutos… que suba a la sala de espera

—Bueno… en realidad el señor Fox ya inició un recorrido con ella… —Era de suponerse que ese imbécil no podía quedarse quieto.

—Ojalá y el recorrido no inicie en los baños… —musité.

—¿Cómo dice? —interrogó Ana

—Nada, yo sola me entiendo. Gracias, Ana, voy a buscarlos. —Eran un par de descarados, pero eso sí no iba a permitir que ese tipo de inmoralidades se dieran en mi empresa; aquí era mi territorio y esa tipa no iba a venir a hacer lo que se le antoje.

—Se encuentra con la diseñadora, eso me dijo el señor Fox cuando se fue.

Tomé una carpeta y salí de la oficina, tomé el ascensor y, mientras bajaba al piso de Ale, respiraba profundo, preparándome para lo que venía. Solo había dado unos cuantos pasos fuera y vi cómo Dalia estaba muy cerca de Ethan, demasiado para ser una simple visita de negocios. Ale hablaba con ellos, pero esa cínica tenía sus ojos nada más para él.

Me acerqué para escuchar lo que Ale les decía: —Nuestras telas están elaboradas con el mejor hijo de la industria, eso asegura una mejor calidad en las prendas que se elaboran… Si quiere, puedo mostrarle los catálogos de nuestras telas, según su calidad

—Me encantaría —respondió Dalia—. Espero que Ethan me acompañe también. —Rodeé los ojos; ella coqueteaba de manera descarada y el otro disfrutaba de esos halagos. ¡Imbécil! Quería odiarlo, ¿por qué tenía que ser tan guapo? Si no lo fuera, sería más fácil despreciarlo y odiarlo.

—¡Ajam! —carraspeé—. No se preocupe, señorita Dalia, él va a acompañarla a donde desea. —Todos giraron sus rostros hacia mí.

—¡Génesis! —¡Qué gusto verte! —Dalia se acercó y me saludó con un beso en la mejilla; ella solo fingía, ya que estaba segura de que no quería verme, y pues el sentimiento era recíproco.

—Hola, Dalia, ¿tu papá no te acompañó esta vez?

—Tenía unos asuntos familiares, un hermano rebelde que no quiere continuar con el legado familiar. Por eso decidí hacer el viaje sola.

—Espero que estés bien atendida.

—¡Claro que sí! Ethan está haciendo un buen trabajo —dijo embelesada. Miré a Ethan, que me miraba con una sonrisa hipócrita; estaba disfrutando de esto. Ale solo estaba con una mirada confusa.

—Bueno, creo que tú mejor que nadie debes saber lo bien que este hombre hace las cosas… —Se señaló Ethan así mismo.

Ahí estaba de nuevo con sus insinuaciones y sus frases de doble sentido.

—Pues la verdad me ha quedado a deber… —Dije siguiendo dirigiéndome a Dalia. —Pero no vamos a negar que hace la lucha, hace su trabajo; hay que reconocer esa parte. —Ahora era yo quien sonreía mientras que él me miraba con furia.

—Gracias por tu atención, Génesis, pero creo que con Ethan es más que suficiente.

¿Pero qué? ¿Esta tipa qué se creía? Esta era mi empresa y no me importaba Ethan, no, claro que no, él podía hacer lo que quisiera, yo no sentía celos, para nada. ¿Por qué los tendría?

Tuve que contenerme de no lanzarme contra ella. —Los veré mientras preparo el contrato para que se lo lleve a tu padre y regresaré después. —En serio que me estaba mordiendo la lengua para no gritarle varias verdades. Me di la vuelta y regresé al ascensor, ni siquiera quise ver la cara de Ethan, porque estaba segura de que en ese momento él se burlaba de mí.

Subí al ascensor y regresé a mi oficina; antes de llegar, me topé con Dafne.

—¿Dónde está mi Ethan? —me preguntó.

—Está ocupado con un cliente. ¿Qué es lo que quieres, Dafne?

—Necesito ver a mi novio, es urgente…

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