—Todo es tu culpa, esto tiene tu nombre. —Escuché la voz de Dafne; estaba en una habitación en completa oscuridad, solo una luz me alumbraba desde arriba.
—¿Dafne? ¿Eres tú?
—¡Lo lograste, hermanita! ¡Lograste tu venganza! —Su voz sonaba con eco en toda la habitación.
—¡No tengo idea de lo que hablas!
—Te robaste el corazón de mi prometido y sin él no vale la pena seguir con vida…
—¿De qué hablas, Dafne? —Trataba de verla, pero no podía, solo escuchaba su voz.
—¡Si Ethan no está a mi lado, ya no vale la pena vivir! —De pronto ella apareció de una esquina, sus manos llenas de sangre y un frasco.de pastillas en una de ellas.
—¡Dafne! ¿Qué hiciste? —grité asustada.
—Si Ethan no está a mi lado, no vale la pena vivir —repetía una y otra vez. Vi cómo tomaba un cuchillo y cortaba su cuello; al instante cayó al suelo, rodeada de un charco de sangre. Corrí hacia ella desesperada, pero su corazón ya no latía.
—¡Dafne! ¡Dafne! —golpeaba su rostro, tratando de despertarla; era inevitable no derramar lágrimas ante tal escena. Me sentía culpable, mi corazón golpeaba como un martillo en mi pecho y me provocaba un dolor inmenso. Todo era mi culpa. —¡Dafne! ¡Despierta, hermana! ¡No! ¡No!
****
—¡No! —abrí mis ojos y me encontraba en un avión. Todo había sido un sueño. Mi pecho estaba agitado, sentía una falta de respiración y mi pecho dolía.
—¡Hey! ¿Qué sucede? —Ethan me rodeó con sus brazos y me acurruqué en su pecho—. ¿Qué pasa, mi gorda bella?
—Solo fue un mal sueño… ¿Cuánto falta para llegar?
—Mmm, cuatro horas. —Tomó mi rostro y lo levantó. —Te amo. —Unió nuestros labios. —Todo estará bien —dijo al separarse de mí Me acomodé en su pecho y dejé que sus brazos me reconfortaran.
(...)
—Creo que no es correcto que nos vean llegar juntos —mencioné mientras tomábamos las maletas.
—Nadie lo sabrá; además, si logran descubrirlo, diremos que nos encontramos por casualidad.
Me sentía nerviosa y con un malestar en el estómago; ya estábamos de regreso y aquí no podíamos dar escenas de amor, como lo hacíamos en Australia.
Subimos al auto de Ethan; él intentó besarme, pero me negué. Si él quería tener algo conmigo, debíamos hacer esto de manera correcta y lo primero es que él terminara su compromiso.
—Me fastidia no tener la libertad de gritarle al mundo que nos amamos —exclamó Ethan, encendió el auto y empezó a manejar.
Activé mi móvil, ya que aún estaba en modo avión. Al instante, docenas de notificaciones llegaron; se trataban de llamadas de Leyla, Will y mis padres, lo que provocó un mal presentimiento.
Llamé a Leyla de inmediato. —¡Genesis! ¡Al fin!
—¿Qué sucede, Leyla?
—No sé cómo decirte esto… ¿Estás sola? —preguntó; de inmediato miré a Ethan, quien también me miraba con curiosidad.
—Sí, sí estoy sola.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA!