Ya era de mañana y contemplaba el rostro de Ethan, seguía dormido, así que aprovechaba para admirar su físico. La sábana cubría su cintura para abajo, dejando su torso desnudo.
Su respiración era pesada, su tórax bajaba y subía con lentitud. Pasé mi mano por su rostro hasta llegar a su pecho y la dejé ahí, en donde se encontraba su corazón.
¡Bum bum bum! Para mí era tan irreal pensar que este corazón tenía sentimientos hacia mí, que se acelera cada vez que me tiene cerca, que era mío… Me acerqué con lentitud y besé con suavidad su pecho. Escuché cómo sus latidos empezaron a apresurarse.
—Ese corazón es todo tuyo —susurró con voz adormilada; levanté mi rostro y me encontré con sus bellos ojos— y todo este cuerpo escultural te pertenece.
—¡Eres un arrogante! ¡Mi señor arrogante!
—Pero soy tu arrogante y tú eres mi gorda bella, preciosa, malhumorada, desafiante, testaruda...
—Buenos días —me acerqué y le di un beso en su boca—. Gracias por los cumplidos —me dije de manera sarcástica—. Ya es momento de levantarnos, no quiero que tu madre se dé cuenta de que dormimos juntos.
—Mi madre lo sabe…
—¿Qué? ¿Cómo que lo sabe?
—¡Si! Ella duerme en la habitación debajo de esta, y estoy seguro de que los ruidos extraños de la cama no la dejaron dormir.
—¡No! ¡Dios mío ¡Qué vergüenza! ¡Tú eres el único culpable! —acusé. ¿Qué iba a pensar de mí? ¿Sabría ella del compromiso de Ethan con Dafne?
—Tranquila, a ella no le molesta, todo lo contrario, estoy segura de que estará muy contenta… así como yo lo estoy de despertar a tu lado —Ethan atrapó mis labios. Para mí también era un gusto despertar a su lado. Pero ahora no podría dar la cara a su madre.
—Bueno, no queremos que tu madre siga escuchando ruidos, así que mejor vamos a levantarnos y desayunar para irnos… —A pesar de la insistencia de Ethan de seguir en la cama, no me parecía correcto, así que fui la primera en levantarme y ponerme mi ropa. Él hizo lo mismo, pero fue a su habitación a cambiarse. Ahora solo quería salir de esta casa lo más pronto posible.
(...)
—Fue un gusto tenerte en la casa —mencionó Vanessa; nos estábamos despidiendo de ella y Ash. Solo desayunamos y nos preparamos para el viaje de regreso. Ella me contó sobre lo que había sucedido y por qué Ethan se encontraba en Australia; ahora entendía por qué él había salido con urgencia del país. Lo bueno era que su madre ya se encontraba mucho mejor.
—Gracias señora Vanessa, para mí también fue un gusto conocerla…
—No tienes idea de lo feliz que me siento porque Ethan te trajo a la casa; yo creí que era homosexual o quería ser sacerdote, pero me has devuelto las ilusiones… —se burló. Pero su comentario me hizo comprender que ella no sabía sobre el compromiso de su hijo con mi hermana.
—¡Mamá! —se quejó Ethan…
—Es la verdad, hijo… creí que Ashly sería la primera en traer nietos a esta casa… —Sentí una punzada en mi corazón.
—¡¿Qué?! —¡Mamá, estás loca! —se defendió Ash—. Me falta mucho para eso.
—Quiero una casa llena de nietos, así que ustedes dos espero no se detengan —nos señaló Vanessa. El tema de ser madre era algo que me afectaba mucho; había perdido un hijo y no sabía si alguna vez tendría la oportunidad de ser madre otra vez y, aunque no era la intención de Vanessa, sus palabras me estaban hiriendo.
Ethan me abrazó por la espalda y rodeó mi cintura. —Tendrás esta casa llena de nietos, mamá —mencionó Ethan y dio un beso en mi mejilla. Sentí mi corazón presionado; era obvio que él, como todo hombre, quisiera tener una familia y eso era algo que yo no podía ofrecerle.
Fingí una sonrisa. —Creo que es mejor que nos vayamos, se nos hará tarde tomar el avión —mencioné; con más razón quería salir de este lugar.
—En unas semanas será mi cumpleaños, espero que puedas venir. Sé que es mucho pedir, pero me encantaría que mi hermano y tú me acompañen —exclamó Ash.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA!