—¡Génesis! ¿Qué pasa? —Leyla detuvo mis pasos; ni siquiera me di cuenta en el momento en que había pasado a su lado.
—¡Sácame de aquí, Leyla! ¡Por favor! —estaba al borde del llanto—. No hagas preguntas, solo llévame de aquí. —Mi amiga obedeció y me sacó de aquel hospital. Le pedí que me llevara a su apartamento.
—¡Génesis! ¿Qué es lo que sucede? No has dicho nada en el camino. —Llegamos al apartamento de mi amigo y, al entrar, lo único que hice fue ignorar su pregunta y lanzarme a sus brazos.
—¡Lo arruiné todo, Leyla!... Perdí lo único bonito y verdadero que tenía en esta vida…
—¿De qué estás hablando? ¡Génesis, por favor, dame una explicación! —Ni siquiera sabía por dónde empezar. —¿Es por Ethan? —Cuando escuché su nombre, sentí un gran nudo en la garganta; era una tonta, pero ahora, ¿qué podía hacer? Lloraba como una adolescente, como una niña, pero era la única culpable.
—¡Lo amo, Leyla! ¡Lo amo demasiado, pero no puedo hacerle esto a Danfe!
—¡Mi gorda! —Leyla acarició mi cabello—. Yo sabía que entre ustedes había algo y muy fuerte.
—¡Soy una estúpida por enamorarme de un hombre prohibido! ¡Eso casi le quita la vida a mi hermana!
—¡Eso sí que no! —espetó Leyla—. Tú no tienes la culpa de nada, tu hermana quiso tomar esa estúpida decisión, no eres la culpable de nada; al corazón nunca se le pueden dar instrucciones, qué bueno fuera poder ordenarle, porque si fuera así, ninguna de las dos estuviera sufriendo, amor…
—Le acabo de decir a Ethan que nunca sentí nada por él, que me voy a ir con Felipe a otro lugar, que viviremos juntos.
—¡¿Estás loca, mujer?! No le puedes mentir de esa manera.
—¡Pero no puedo dejar que Dafne atente contra su vida otra vez! ¡No podría vivir con eso! Tomé la decisión correcta, yo me iré en unos días y te aseguro que en unas semanas, Ethan pasará a la historia; además, yo no puedo ofrecerle la numerosa familia que él desea. ¿Olvidas lo que pasó en el accidente?
—¡Dios mío, Génesis! Existen muchas posibilidades, pero tú te has cerrado a todas ellas; si lo intentaras…
—¡No lo haré, Leyla! No voy a tener otra decepción y recibir las mismas noticias de siempre…
—No dejaré que le mientas a Ethan, no puedes obligarlo a que se case con una mujer que no ama —advirtió mi amiga.
—¡No lo hagas, Leyla! Si lo haces, ya no te llevaré conmigo a Australia; esto es por el bien de todos.
—¡Claro que no! Es solo por el bien de la arpía de tu hermana. Lamento decirte esto, Génesis, pero tu hermana es un vil animal rastrero; todo lo que está haciendo es para separarte de Ethan y tú, como tonta, has caído.
—¡Dafne no es tan imbécil como para jugar con su vida! Además, ella no conoce la identidad de la mujer por la cual Ethan la abandonó y es mejor que siga creyendo que es una desconocida.
—Tu hermana no es tonta y disculpa si sueno insensible, pero ese truco de querer quitarse la vida, yo aún no me lo creo y espero poder demostrarte a ti que estás cometiendo un gran error en dejar que el amor de tu vida se case con tu hermana. Es tu hermana y todo lo que quieras, pero ella toda su vida ha demostrado ser egoísta y manipuladora y tú eres una ingenua gordita de corazón inmenso, pero esta vez las cosas no se quedarán así.
Dafne no podía fingir un suicidio; la vida no era un juego. Sí era cierto que era una manipuladora, pero no creía que ella llegara a esos extremos para que Ethan se quedara a su lado.
—Es mejor que no hagas nada, Leyla, te repito que me iré de este país en unos días y ellos quedarán en el olvido; voy a enfocarme en mi futuro lejos de aquí.
Lejos de aquí yo podría recomponer mi vida, mi corazón y mi alma. Si logré superar a Tómas, también podría superar a Ethan.
ETHAN
Vi cómo Génes se marchaba por el pasillo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA!