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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 75

—Gracias, mi amor. —Dejé recostada a Dafne en la cama. Después de dos días le dieron de alta y, como buen prometido, la traje a su casa—. Eres el mejor. —Besó mi mejilla y le di una sencilla sonrisa.

—Es mejor que descanses; tengo que ir a la empresa y regresaré por la tarde. —Besé su frente e intenté alejarme, pero ella me tomó de la mano.

—Te amo. —susurró. Y sonreí de nuevo. No podía responderle de la misma manera. Fui a mi auto y conduje hasta el apartamento de Leyla. Tenía la necesidad de ver a Genesis. Pasé estos dos días con Dafne en el hospital, con citas médicas y psicólogos; creí que ella llegaría a ver a su hermana, pero ni siquiera se mostró.

Me estacioné y subí al apartamento de Génesis; antes de tocar, escuché risas; ella estaba muy feliz y eso también me llenó de felicidad. Entré sin siquiera tocar la puerta y me llevé una gran decepción; quien la hacía sonreír era el idiota que decía ser su novio. Ella estaba en el sillón, mientras que él estaba sobre ella, haciéndole cosquillas.

Carraspear para que notaran mi presencia. La sonrisa de Génesis cambió por completo.

—¿Qué… qué haces aquí? Pensé que estabas con Dafne en el hospital.

—Ella ya está en la casa de tus padres.

—Eso… eso es genial, iré a visitarla en cuanto pueda.

—Necesito hablar contigo, de manera urgente. —Miraba a su novio y a ella. Tenía unos celos, una rabia por dentro, que no entendía cómo es que estaba tan quieto y no golpeaba al dicho Felipe.

—Llegaré a la oficina en un par de horas, solo ayudaré a mi novio a desocupar sus maletas.

—¿Maletas?

—Sí —intervino Felipe—. Génesis y yo vamos a vivir juntos. —Él la abrazó por la cintura. Empuñé mis manos, porque tenía unas ganas inmensas de ahorcarlo. Entonces sí era cierto lo que me contó en el hospital. Que ella iba a vivir con su novio. Pero aún me negaba a aceptar que ella no me amara.

—Los felicito, espero que sean muy felices.

Me di la vuelta y salí del apartamento. No lo soportaba; no me importaba si ella hacía todo esto para alejarme, para orillarme a casar con Dafne; yo la amaba a ella, eso no iba a cambiar.

Me subí al auto, y presioné con fuerza. De pronto recibí una llamada de Deivyd.

—Aló.

—Ethan, el inversionista ya está en la ciudad. Va para el restaurante.

—Gracias, Deivyd, envíame la dirección y llegaré lo más pronto posible.

Y así lo hizo mi amigo. Recibí un mensaje con la dirección, puse el GPS y conduje. Pero en todo el camino, no podía olvidar a Génesis, su risa, su cabello alborotado, su felicidad. ¿Acaso era un egoísta por amarla tanto, por querer ser felices solo los dos?

Llegué; mi amigo ya se encontraba en la mesa, en compañía de un nuevo inversionista.

—Buenas tardes. —Saludé y me senté al lado de mi amigo, estreché la mano del hombre que lo acompañaba.

—Señor Fox, al fin nos conocemos. He escuchado muy buenas cosas de usted. Tiene un gran olfato para los negocios y estoy seguro de que este negocio va a gustarle.

—Señor Herrera, menos plática y más números. Esto es lo que interesa.

El hombre me entregó una tableta, la cual venía repleta de gráficos, informes financieros, proyecciones.

—Doce millones de dólares, eso lo volverá multimillonario. —indicó. El hombre hablaba y yo trataba de enfocarme en la información, pero mi mente no estaba concentrada el día de hoy en los números. Le regresé la tableta y lo miré serio.

—Es una inversión riesgosa y la última vez, estuve a punto de perder tres millones.

—Aquí no hay riesgo, noventa por ciento de seguridad. Puedo enviarle el contrato en línea, lo firma y recibimos los primeros seis millones.

—Vuelva cuando el riesgo sea del noventa y nueve por ciento. —Me levanté de la mesa, ajusté mi saco y extendí mi mano. Él la estrechó con enojo; yo no estaba para juegos; doce millones era un riesgo gigantesco, podría recibir mucho más, ser multimillonario. Pero no estaba para negocios, no quería saber de inversiones.

—¡Ethan! ¡Ethan! —Deivy corría detrás de mi para detenerme ¿Qué es lo que te pasa? Es lo que buscábamos Esta es una gran oportunidad.

—Tenemos el diez por ciento de riesgo, Deivyd.

—Amigo, te has arriesgado por mucho más. ¿Qué es lo que te pasa hoy?

—Estoy cansado, Deivyd. Eso es lo que pasa, mi vida se está yendo al abismo. Me siento atado de manos, siento que algo me ahorca y no puedo respirar.

—Esto es por Génesis. —Mi amigo lo dijo más como una afirmación que como una pregunta.

—Es Génesis, es Dafne, es la empresa, es mi vida misma. Estoy cansado, quisiera dejar todo esto, secuestrar a Génesis y llevarme lejos de aquí.

—Yo puedo ayudarte, solo dime la hora, y el lugar y te llevaré a Génesis para que huyan juntos. —Se burló mi amigo.

—No estoy para tus juegos.

Subí a mi auto y conduje hasta la empresa, directo a mi oficina; me encerré por el resto de la tarde, no quería pensar en Génesis, no quería pensar en nada que se relacionara con esa gordita de ojos hermosos, de labios carnosos y cuerpo perfecto.

Era imposible no pensar en ella.

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