Las marcas de cinco dedos aparecieron rápidamente en el rostro de Silvia.
Abrió los ojos desmesuradamente, sin poder creerlo. Llevándose la mano a la mejilla que le ardía, tardó en reaccionar.-
—¡Tú... cómo te atreves a pegarme!
Levantó la mano para devolverle el golpe, pero Lara fue más rápida y le agarró la muñeca.
Al segundo siguiente, le dio otra bofetada con el dorso de la mano.
¡Plaf!
El impacto hizo que Silvia girara el rostro. Sus rizos, antes perfectos, ahora se le pegaban desordenadamente a la cara.
Mantenía los ojos muy abiertos, como si aún no asimilara que acababa de recibir dos bofetadas seguidas.
No volaba ni una mosca en el privado.
Todas las miradas estaban clavadas en ellas.
Felipe fue el primero en reaccionar, pero se quedó paralizado en su lugar, con las pupilas dilatadas.
*¿Acaso... ya podía escuchar?*
El corazón de Felipe dio un vuelco. Desvió la mirada por instinto y sus ojos se posaron en la vitrina de licores al otro lado de la sala.
Las puertas de espejo oscuro reflejaban la cálida luz de las lámparas de pared, creando un juego de luces y sombras.
*Era el reflejo en el espejo...*
Soltó un suspiro de alivio en secreto, sin tiempo para analizar esa extraña sensación de incomodidad, cuando Silvia de pronto estalló en gritos enfurecidos.
—¡Maldita zorra! ¡Te voy a hacer pedazos!
Diciendo esto, se abalanzó sobre Lara, lanzando las manos directo a su rostro.
Las dos comenzaron a forcejear en el aire.
Con reflejos rápidos, Lara le agarró el cabello a Silvia y tiró con tanta fuerza que la hizo chillar de dolor.
—¡Suficiente!
Felipe soltó un grito furioso. Dio grandes zancadas, se interpuso entre ambas y, cruzando el brazo, agarró firmemente la muñeca de Lara.
—Ya basta, dejen de hacer un escándalo...
Pero Silvia aprovechó la oportunidad para levantar la mano de nuevo.
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