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No Era Mi Esposo, Era Mi Verdugo romance Capítulo 6

Tras presionarla un poco, la de Recursos Humanos le confesó que era una norma que el señor Guzmán acababa de implementar con vigencia inmediata.

De golpe, Fabiana lo entendió todo. Alexandro estaba decidido a destruirla y no tendría piedad.

Sin perder más tiempo en discusiones inútiles, se dirigió directo a la oficina de Alexandro. Necesitaba dinero con desesperación y no iba a regalarles un solo peso que le perteneciera.

Mientras subía en el ascensor, viendo cambiar los números rojos de los pisos, no podía dejar de pensar que todo este teatro era solo una estrategia para castigarla y obligarla a ir a suplicarle perdón.

Aunque Fabiana sabía que no había hecho nada malo, la urgencia de su situación la obligaba a tragarse su orgullo. Además, considerando que, ante la ley, seguían siendo marido y mujer, y que compartían la responsabilidad de un niño, no quería iniciar una guerra total.

Al llegar a la puerta, Fabiana levantó la mano para tocar, pero se detuvo en seco al escuchar voces en el interior. Eran Alexandro y Viviana.

A Fabiana no le interesaba en absoluto lo que esos dos estuvieran discutiendo, así que estuvo a punto de dar media vuelta, pero entonces escuchó su propio nombre salir de los labios de Viviana.

El tono de Viviana era meloso y caprichoso:

—Alexandro, ¿cuándo se va Fabiana?

—No te preocupes, lo arreglaré lo antes posible —respondió él.

La respuesta de Alexandro fue tan rápida y su voz tan cálida que Fabiana no necesitó verle la cara para saber que la estaba mirando con total adoración.

—Más te vale —insistió Viviana, mimada—. Ya sabes que a Andy y a mí nos incomoda muchísimo tenerla aquí. Desde que regresó está insufrible. No solo está irreconocible físicamente, sino que su carácter es espantoso. A mí no me importa soportar sus groserías, pero no voy a permitir que Andy sufra por su culpa.

—Lo sé, lo sé —la consoló Alexandro—. Quédate tranquila, ya me estoy encargando de todo. La mandaré de vuelta a Puerto Esmeralda en unos días. Ven, mira el regalo que te compré.

Se hizo un breve silencio en la oficina, probablemente mientras él le mostraba el obsequio.

De pronto, se escuchó el grito emocionado de Viviana:

—¡¿Me compraste este brazalete?! ¡Cuesta como diez millones! ¿Por qué gastas tanto en mí?

Aunque fingía sorpresa, su tono delataba su euforia.

—No es caro. Resalta tu belleza —dijo Alexandro, derramando dulzura en cada sílaba.

Al escuchar al hombre desvivirse por complacer a Viviana, Fabiana sintió que la bilis le quemaba la garganta. Para la madre enferma de su esposa no quiso prestar ni un millón setecientos mil, pero no le tembló la mano para regalarle un brazalete de diez millones a esta mujer. La diferencia entre ser amada y ser despreciada era, literalmente, de millones.

Capítulo 6 1

Capítulo 6 2

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