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No Era Mi Esposo, Era Mi Verdugo romance Capítulo 5

Esa última frase fue sumamente extraña. Sumada a la sonrisa de suficiencia en el rostro de Viviana, plantó una inquietante semilla de duda en la mente de Fabiana. ¿Acaso todo este enredo tenía que ver con ella?

No tuvo tiempo de analizarlo, pues escuchó pasos acercándose a sus espaldas, seguidos por la voz profunda de Alexandro:

—¿Qué pasó aquí?

Antes de que Fabiana pudiera decir una sola palabra, Andy se adelantó y comenzó a llorar a mares, señalándola con el dedo:

—¡Papá, ella me está molestando! ¡Me iba a pegar! ¡Buaaa, tienes que defenderme, castiga a esta vieja fea!

Mientras gritaba, logró forzar un par de lágrimas falsas, mostrando una actitud de víctima que contrastaba de manera enfermiza con la violencia que acababa de descargar sobre el pobre Toto. Si Fabiana no lo hubiera visto con sus propios ojos, jamás habría creído que un niño tan pequeño fuera capaz de actuar con tal maestría.

Pero, evidentemente, Alexandro le creyó. O tal vez ni siquiera era cuestión de creerle; su instinto natural era simplemente asumir que Fabiana era la culpable de todo.

—Pídele perdón a Andy.

Al escuchar la orden, Fabiana sintió ganas de reír a carcajadas. ¿Ni siquiera se molestaba en preguntar qué había pasado? ¿La juzgaba y la obligaba a disculparse sin importarle la verdad? El favoritismo de ese hombre era nauseabundo.

Le lanzó una mirada cargada de asco, no dijo una sola palabra, no se disculpó, y pasó por su lado abrazando a Toto.

Mientras se alejaba, pudo escuchar los llantos exagerados de Andy y a Viviana consolándolo dulcemente. Aquello solo logró revolverle el estómago.

Durante todo el camino, Toto no dejó de temblar en sus brazos. No importaba cuántos mimos le diera Fabiana, el perrito no lograba calmarse.

Al llegar al hospital veterinario, el doctor negó con la cabeza al ver al animal. Le confesó que, en todos sus años de carrera, jamás había atendido a un perrito masacrado con tanta saña. Las fracturas y los hematomas eran terribles, pero lo más preocupante era el daño neurológico y psicológico. Tras estabilizarlo, el veterinario le aconsejó que le diera mucho amor y dejara el resto en manos del destino.

Ver a Toto, que alguna vez fue un torbellino de alegría, convertido en un trapo tembloroso, despertó un odio feroz en el pecho de Fabiana. Pero también se sentía culpable. Si se lo hubiera llevado con ella desde el principio, nada de esto habría pasado.

Pero lo hecho, hecho estaba. Lo único que le quedaba era mimarlo cada día de su vida a partir de ese momento.

Tras dejar a Toto internado, Fabiana se dirigió al Grupo Guzmán. Aunque ya había presentado su renuncia, su viaje imprevisto seguramente le causaría problemas en Recursos Humanos.

Hacía tres años que no pisaba ese edificio. Al estar frente a las puertas de cristal, sintió como si hubiera pasado una vida entera.

Antes de ser enviada a Puerto Esmeralda, Fabiana había trabajado allí como pasante. En aquel entonces, su belleza natural había llamado mucho la atención, así que muchos aún la recordaban. Por eso, en cuanto cruzó el lobby, las miradas no se hicieron esperar y los cuchicheos maliciosos inundaron el ambiente.

Capítulo 5 1

Capítulo 5 2

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