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No me Llames Señora Cáceres, Llámame Hera romance Capítulo 16

A la mañana siguiente, Melissa sintió que la cabeza le estallaba y le dolía todo el cuerpo.

Se masajeó las sienes, apoyándose en el suelo frío y quedándose aturdida durante un buen rato, hasta que se dio cuenta de dónde estaba.

La alarma de su celular no dejaba de sonar. Era el aviso para levantarse y prepararle el desayuno a Esteban. La apagó y eliminó la alarma de inmediato.

La señora del aseo, que casualmente salía de la casa, la vio y dijo con falsa culpa:

—Señora, lo siento. Anoche quise meterla, pero el señor... no lo permitió. Me dijo que la dejara afuera.

Pensó que vería a Melissa con los ojos llorosos y ofendida, pero para su sorpresa, simplemente se levantó y, salvo por su voz algo ronca, no se le notó ninguna emoción:

—Fui yo quien bebió de más y me equivoqué de lugar. Por cierto, señora, a partir de ahora, ya no me llame 'señora'.

Justo cuando estaba a punto de marcharse, recordó algo y añadió:

—Asegúrese de decirle a él que vaya preparando los papeles del divorcio.

Melissa revisó su celular y se dio cuenta de que Antonella le había llamado muchas veces anoche.

Le devolvió la llamada.

—¿Hola? Antonella.

—¡Ni se te ocurra decirme que te arrepentiste! Ayer te llamé y no me contestaste. Tuve que llamar al Profesor Aidan para enterarme de que te habías ido a Senderos de Oro —su tono era amenazante—. Si no abres los ojos de una buena vez, juro que te golpearé hasta que despiertes.

Melissa soltó una carcajada.

—¿De verdad tendrías el corazón para golpearme? Tranquila, no me he arrepentido, es solo que me emborraché...

Ni siquiera recordaba cómo había llegado a Senderos de Oro la noche anterior.

—Por cierto, quiero comprarme un coche. Es muy incómodo no tener uno.

No era que no supiera manejar; al contrario, tenía excelentes habilidades al volante. Muchos de los amigos que había hecho en el pasado los conoció corriendo autos.

Después de casarse con Esteban, se había esforzado deliberadamente en adoptar pasatiempos más tranquilos y formales. Poco a poco dejó de manejar, pues al contar con un chofer que la llevara, tampoco le parecía un problema.

Ahora que se había separado de él, era mejor tener su propio auto.

Melissa fue a una concesionaria y, sin perder mucho tiempo, se compró un Ferrari idéntico al de Antonella, de color rojo, sumamente llamativo.

No pudo resistirse y le envió un mensaje a su amiga de inmediato.

[¿Estás libre? ¿Vamos a correr un rato?]

Casi al segundo, la volvieron a agregar al grupo de corredores de Loma Alta del que se había salido por voluntad propia años atrás.

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