Pero todo cambió cuando Melissa hizo público su amor por Esteban. Delfina se volvió su enemiga declarada, porque ella también estaba enamorada de él.
Melissa suspiró. Seguramente esa foto ya circulaba por todo su círculo social y todo el mundo estaba al tanto.
Pero a ella ya no le importaba. Después del divorcio, todas esas personas desaparecerían de su vida.
Bloqueó la pantalla sin molestarse en responder.
Pasó toda la mañana en el laboratorio, trabajando codo a codo con sus compañeros, absorta entre equipos de alta precisión.
Actualmente, su equipo se especializaba en el desarrollo de sentido táctil humanoide; en resumen, buscaban que los robots tuvieran «sensibilidad» como una mano humana. Querían alcanzar una percepción de fuerza a nivel micrométrico, permitiendo que la máquina pudiera distinguir la textura de la seda, el papel, o sentir la dureza de un huevo sin romperlo.
Al mediodía, manejó de regreso a Senderos de Oro. Al llegar, descubrió que la verdadera intención de la abuela no era invitarla a almorzar en casa, sino encargarle que le llevara comida a Esteban.
Después de la charla que tuvo con la anciana la noche anterior, Melissa había decidido acceder a todo lo que le pidiera.
Al fin y al cabo, solo faltaban tres meses. Si su abuela lograba operarse con éxito, Melissa estaba dispuesta a irse del matrimonio sin un solo centavo.
Al llegar al rascacielos del Consorcio Cáceres, le envió un mensaje a Esteban por WhatsApp.
Como no obtuvo respuesta, supuso que estaba ocupado o que simplemente la estaba ignorando.
Tomó la lonchera y se dirigió a la recepción.
En el pasado, venía con tanta frecuencia a buscar a su esposo que las recepcionistas la conocían perfectamente, así que la guiaron al elevador privado de presidencia sin hacer preguntas.
El piso de la dirección ejecutiva era un hervidero de actividad silenciosa.
Cuando las puertas se abrieron, varios empleados levantaron la vista, sorprendidos.
Melissa llevaba mucho tiempo sin aparecer por ahí. Hubo una época en la que venía a dejarle el almuerzo casi a diario, pegada a él como una sombra.
Justo cuando iba a caminar hacia la oficina principal, el secretario de Esteban le bloqueó el paso.
—Disculpe, señora Cáceres... el Director Cáceres está muy ocupado en este momento. ¿Viene a dejar su comida? Démela, yo se la entregaré cuando se desocupe.
El único propósito de Melissa era cumplir la misión de la abuela, y la orden incluía mandarle una foto de la entrega.
—Lo esperaré —respondió, negando con la cabeza—. ¿Cuánto le falta? ¿Está en junta?
En ese preciso instante, la puerta de la oficina de presidencia se abrió de golpe.

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