Hasta que alguien del Centro de Arte Lumina soltó la bomba en la sección de comentarios.
—Esta fue la última presentación de Melissa.
—Ella ya había sido expulsada del centro de arte, originalmente ni siquiera iba a pisar este escenario. Fue por un accidente de último minuto que la llamaron para cubrir el hueco.
—¿Pero por qué pasó eso? Bailó increíble, tiene un talento y una belleza espectaculares.
Cuando Melissa llegó al clímax de la coreografía y la enorme peonía se apartó lentamente de su rostro, el director de cámaras hizo un primer plano. Reveló esa tez luminosa y perfecta, un rostro nacido para brillar en la pantalla, dejando a todos maravillados.
Alguien más filtró información en los comentarios: —La que le quitó el lugar a Melissa fue esa bailarina especial. Dicen que fue una orden directa de uno de los inversionistas.
—¡¿Qué diablos?! ¿No me digan que es Leticia Suárez? Me salieron videos de ella en cuentas de chismes y hasta lloré de la emoción. ¿No decían que había entrado por mérito propio?
—Yo sabía que era imposible que pusieran a alguien con discapacidad en algo así, cada año rechazan a muchísima gente. Cuando dije que seguro tenía palancas, una ola de defensores me atacó a mí y a mi familia.
—Tranquilo, ahora tú y tu familia pueden cobrar su venganza.
La capacidad de los cibernautas para escarbar en el chisme era formidable; no tardaron en filtrar las capturas de los chats internos del Centro de Arte Lumina.
En un instante, la reputación de Leticia cayó en picada.
Alguien más descubrió que Leticia había entrado directamente como líder del nuevo proyecto en el Consorcio Cáceres.
La furia del público estalló. Aunque Leticia se había graduado de una maestría en una universidad de prestigio mundial, tenía un vacío de cuatro años en su currículum. ¿Cuántos recién graduados brillantes no podían conseguir ni siquiera una pasantía en el Consorcio Cáceres, y ella, con cuatro años en blanco, llegaba directo a ser jefa de un proyecto clave?
Los usuarios inundaron las cuentas oficiales del Consorcio Cáceres con quejas y reclamos.
El departamento de relaciones públicas de la empresa entró en pánico y empezó a publicar comunicados intentando limpiar el desastre. Usaron excusas trilladas, desviaron el tema y trataron de dar lástima usando la discapacidad de Leticia, manipulando a los usuarios diciendo que criticarla era acoso hacia una persona discapacitada y que la vida ya era bastante dura, pidiéndoles que la dejaran en paz.
Pero los usuarios no se tragaron el cuento. No les importaba quién fuera, la vida era dura para todos.
Mientras tanto, Melissa se bajó del escenario y se desentendió del asunto, yendo directamente al laboratorio.
Cuando su abuela la llamó, ella todavía estaba trabajando en el laboratorio.
Como no quería desconcentrarse, esperó a terminar lo que tenía entre manos antes de tomar el celular y devolver la llamada.
Al otro lado de la línea, la voz de la abuela sonaba evidentemente enojada: —Ve a aclarar las cosas ahora mismo. ¿No te das cuenta de que por tu culpa todos están atacando a Leticia? En este momento no han encontrado a nadie mejor que ella, no podemos reemplazarla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No me Llames Señora Cáceres, Llámame Hera