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NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA romance Capítulo 12

En las penumbras de la habitación de Douglas, Lily miró de nuevo sus cosas y aspiró el aire impregnado de su perfume.

—Te libero de tu promesa, Dougie —murmuró, usando aquel diminutivo cariñoso de cuando eran niños.

—Nunca quise ser un peso para ti.

Con un nudo en la garganta y los ojos empañados de lágrimas, Lilianne sacó una pequeña nota de su bolso y la dejó cerca de la lamparita de noche.

Se quitó el anillo de bodas y lo dejó también encima del papel.

Alguien podía verlos y esconderlos.

Quizás él nunca la leyera.

Tampoco decía mucho, pero sentía que, al menos, le debía un adiós.

Se marchó de la mansión Calder oculta en el compartimento trasero de la furgoneta de la florería.

Con los dedos temblorosos, buscó en la oscuridad su móvil y llamó a su hermana.

—Lily, ya estoy saliendo hacia el aeropuerto…

—Lucy, no puedo regresar a Queensland. Nos iremos directamente desde Sydney y lamento mucho presionarte, pero, si puede ser hoy mismo, mejor.

Lilianne sentía que estaba abusando de su generosidad.

Lucy se había encargado incluso de tramitarle toda la documentación.

Su hermana había hecho más por ella que su madre en toda su vida.

—Lucy, siento involucrarte en esto… Yo…

—Tranquila. Ahora mismo ya le pedí a mi secretario que cancelara mi vuelo y buscara dos boletos para el primer lugar que nos sirva de escala. Nos vamos hoy.

Aquellas palabras hicieron que un sollozo se escapara de Lilianne.

Se llevó la mano a la boca para acallarlo.

Se sentía tan deprimida y triste…

Aunque intentaba hacerse la fuerte, su mente y su cuerpo no estaban bien.

Tenía un dolor de cabeza insoportable, mareos, ganas de vomitar y unas punzadas en el estómago que se extendían hasta el vientre.

El estrés le estaba pasando factura, pero resistiría.

—Gracias… Gracias…

—No te pongas así, Lily. No me has querido contar nada, pero quiero que sepas que estoy aquí y te voy a apoyar hasta el final.

Lucy estaba dispuesta a arreglar los errores de su madre.

Le había prometido antes de morir que cuidaría de su hermana mayor y cumpliría su promesa.

Hablaron por última vez de sus planes de viajar primero a Canadá para depositar el giro bancario y, desde allí, cruzar por carretera hacia Estados Unidos.

Todo para despistar a Douglas, aunque Lilianne no creía que se tomara tantas molestias en buscarla.

Quizás hasta sintiera alivio de que ella firmara el divorcio.

*****

El hombre de la camioneta la dejó en una zona bastante céntrica, donde tomó un taxi directo al aeropuerto.

Sacó la tarjeta del móvil, la rompió con dedos temblorosos y arrojó los pedazos por la ventana.

Se quedó mirando la hermosa ciudad que pasaba y que nunca tuvo tiempo de visitar.

No era a ella a quien el magnate sacaba a restaurantes caros o a citas de alta alcurnia.

Con una sonrisa amarga se despidió de su país de nacimiento, al que jamás regresaría.

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