Cuando Lily abrió los ojos de nuevo, estaba en la habitación de una clínica privada.
El cuarto le daba vueltas, pero logró enfocar una sombra sentada en la esquina.
Por un segundo, pensó que era Douglas, que la había encontrado, pero enseguida suspiró aliviada al darse cuenta de que era su hermana.
—¿Lily? —Lucy la llamó, despertando de su sueño ligero—. ¿Te duele mucho? Llamaré al doctor…
—No, espera. ¿Qué me sucedió? —Lilianne intentó sentarse y Lucy la ayudó a acomodarse contra las almohadas.
Se llevó una mano al vientre, donde el dolor sordo persistía, y recordó la sangre en sus pantalones.
—¿Tengo algo malo? No me mientas, por favor…
Lucy la miró mientras Lilianne le tomaba la mano con desesperación.
Se sentó en el borde de la cama, suspirando.
—No tienes nada malo. Más bien, creo que es algo inesperado… —Pensó en cómo soltar la bomba, pero no era una mujer que diera muchas vueltas a las cosas.
—Estás embarazada, hermana.
Los ojos de Lily se abrieron de par en par y luego bajaron hacia su vientre.
La noticia la impactó tanto que, durante un segundo, no supo cómo reaccionar y las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos.
Lucy la miró con algo de lástima.
En aquel momento, lo que menos necesitaba era esto.
No sabía demasiado de su vida, pero era obvio que escapaba de un hombre.
Posiblemente, del padre de la criatura.
—Lily, si no quieres tenerlo, lo entiendo… Aún estás a tiempo de…
—No, yo sí quiero —Lilianne levantó la cabeza, con los ojos rojos pero decididos—. Tendré a mi bebé. No voy a abandonarlo.
Sus palabras encerraban los traumas de su propio pasado.
Ella no sería como su madre, aunque la criatura ni siquiera hubiese nacido todavía.
—Entiendo, y no sabes lo feliz que me hace saber que seré tía. Te apoyaré en todo. No estarás sola.
Lucy sonrió, apoyando su mano sobre la de Lily, quien también la miró con una sonrisa tímida.
—Gracias… hermana…
Era una de las pocas veces que Lilianne la llamaba así, y el corazón de Lucy se llenó de calidez.
Sus padres habían muerto y su familia más cercana ahora era Lily.
—¿Por qué sangré? Me dolía mucho… ¿Está en peligro?
De repente, Lilianne volvió a entrar en pánico.
—Bueno, sí estás en una situación peligrosa. El doctor dice que has estado sometida a mucho estrés y que ni siquiera te estabas alimentando bien…
Las mejillas de Lilianne se colorearon de rojo.
—¿Entonces no podemos irnos todavía?
Lucy vio las tormentas y el miedo en el fondo de sus ojos.
Aun con los riesgos, quería escapar de Australia.
—Hablaré con el doctor y veré qué me dice, pero ahora tienes que descansar. Ya no eres solo tú…

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