Douglas se giró para interrogar a Karla con frialdad.
—¿Por qué iba a decirle algo? Además, no parece que la mantengas a tu lado solo por lástima. ¿De verdad estás preocupado por esa coja?
—No vuelvas a referirte así a Lilianne.
Douglas la agarró por la muñeca cuando intentó tocarle el pecho.
Sus palabras contenidas entre los dientes apretados.
La ira relampagueaba en sus ojos claros.
—Te dije que no quería volver a escuchar un reclamo sobre eso. Dime si tengo que repetírtelo de otra manera…
—Me estás haciendo daño. Suéltame, Douglas, suéltame. Ya me callo…
Luchó por recuperar la mano de aquel agarre de hierro y esquivó la mirada dominante del hombre.
Douglas Calder tenía fama de todo menos de ser una presa fácil.
Karla debía andarse con cuidado.
El hombre la soltó con un pequeño empujón.
Estaba harto de todo aquel circo con Karla.
Debía solucionar sus problemas y hacerlo de inmediato.
—Creo que puede estar así por la foto de la prensa… —dijo la rubia de repente, buscando una excusa para desviar su atención.
—¿Qué foto? —Douglas casi ladró.
—¿No la has visto? Mandé a retirarla, pero el periódico Soulletter publicó una foto nuestra en la fiesta. Ese periodista… ¡Espera, Douglas!
Karla se quedó en el pasillo, viéndolo caminar como un loco hacia su habitación.
Cerró los puños a ambos lados del cuerpo con una expresión asesina.
Tenía que apartar del camino a aquella estúpida coja que arruinaría sus planes de casarse con Douglas.
Su vida en Estados Unidos no era tan glamurosa como todos creían y su padre necesitaba el capital de los Calder para rescatar su empresa de la crisis.
La presionaba todos los días.
Su futuro de comodidades podía irse a pique y no lo permitiría.
Aquel matrimonio tenía que ocurrir sí o sí.
El primer paso era conseguir que se divorciaran.
Porque, aunque él se empeñaba en decirle que solo la quería por lástima, ella podía verlo en sus ojos… A él realmente le gustaba esa mosquita muerta.
Tomó el celular e hizo una llamada a uno de sus contactos.
—Necesito que me ayudes a tramitar un acuerdo de divorcio, paga lo que tengas que pagar...
*****
Cuando Lily entró en su recámara, con ganas de arrojarse sobre la cama y ponerse a llorar y llorar, lo primero que vio fue una revista colocada sobre la mesita de noche.
Así, casi sin querer.
La tomó y miró la portada, donde aparecía la feliz pareja.
Su esposo estaba con otra mujer colgada del brazo, mirándolo como una depredadora que observa a un bistec bien jugoso.
—No voy a estorbarte más, Douglas. No voy a seguir aferrándome a ti como una idiota… Yo también tengo mi orgullo.
Las palabras salieron estranguladas y sus ojos se humedecieron.
Pero la puerta se abrió de repente, sobresaltándola y haciéndola girarse mientras escondía la revista detrás de la espalda.
Aun así, Douglas la vio.
—No te creas esa tontería. Ya te expliqué que fue necesario…
—No. En realidad, no me explicaste nada, solo follamos.
—Lily… Las cosas en la empresa no están bien. Necesito estabilidad. Esto no es como en la hacienda —comenzó a explicarle mientras se acercaba a ella.
—Solo dame algo de tiempo, mi amor. Un mes como máximo, y te juro que organizaré una cena para presentarte ante todos como mi esposa. Las cosas estarán mejor.
Douglas la abrazó y aprovechó para quitarle la revista que apretaba en la mano.
Cuando vio la portada, casi quiso maldecir.

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