El joven, que apenas aparentaba unos veinte años, secundó a su padre con tono arrogante.
—¡Eso mismo!
Elisa se remangó la blusa.
—Uy, fíjate que esta servidora nunca ha pisado una cárcel. Me da muchísima curiosidad, así que dejen que lo intente hoy mismo.
Diciendo esto, levantó la mano, lista para cruzarle la cara a la mujer de una bofetada.
Pero su mano fue detenida en el aire.
Tras un breve cruce de miradas, Elisa retrocedió y se colocó detrás de él.
Gael se acercó primero a Nanette, guiándola con delicadeza hasta el asiento más seguro de la oficina.
No iba a permitir que esta escoria lastimara a Nanette ni al bebé —o los bebés— que llevaba en el vientre.
Luego, caminó hasta el sofá que estaba justo frente a la mujer y tomó asiento lentamente.
—¿Quieren dinero?
La mujer no iba a admitirlo tan fácilmente.
—¡No digas barbaridades! ¡Yo solo vengo a exigir justicia por mi hija! ¿Acaso el dinero puede comprar la vida de mi niña?
Gael bajó la mirada, sin tener la más mínima intención de mirarlos a la cara.
—Más les vale ir al grano, no sea que cambie de opinión sobre darles un solo peso.
Al escuchar eso, la mujer mostró sus verdaderas intenciones y cruzó una rápida mirada con su marido.
El hombre, disimuladamente, levantó la mano y le hizo una seña con los dedos.
—¡Cinco millones! —exigió la mujer.
Elisa abrió la boca para replicar, pero al ver que Nanette negaba sutilmente con la cabeza, se mordió la lengua.
Gael levantó ligeramente la mano. Uno a uno, flexionó sus largos dedos, haciendo que los nudillos crujieran con un sonido seco y amenazante.
Ese sonido hizo que a la mujer se le erizara la piel del terror.
—¿Tienen idea de quién soy? —preguntó Gael.
La mujer se levantó del suelo, sacudiéndose la ropa.
—Claro que lo sé. Hice mis averiguaciones, eres el dueño de todo esto.
—Investigaste mal —replicó Gael con frialdad.
—¿Qué quieres decir?
—Es cierto que en este momento soy el jefe principal aquí, pero tengo otro título mucho más importante.
La mujer agitó la mano con impaciencia.
—A mí me da igual qué títulos tengas, me basta con saber que eres el que tiene la plata aquí.

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