Irene sonrió levemente al escucharla.
—Nanette, no bromees con eso.
—Es la verdad.
La sonrisa de Irene se congeló por un par de segundos.
—No tengo intenciones de casarme nunca.
—¿Planeas quedarte soltera toda la vida? —preguntó Nanette.
—Sí —asintió Irene.
Nanette guardó silencio un momento.
—Tú y Gael se dan la mano en eso. —Ambos parecían decididos a quedarse solteros para siempre.
—La verdad, creo que estar soltera está muy bien, te evitas muchos dolores de cabeza —replicó Irene.
—¿Todo por culpa de Galileo Godoy? —Al escuchar aquel nombre hoy en día, Irene ya no sentía absolutamente nada.
—Cometí demasiados errores en el pasado. De ahora en adelante, solo quiero darle una buena vida a mi hermana. En cuanto al matrimonio, es algo en lo que prefiero no pensar.
—No es que no quieras pensar en ello, es que no te atreves —le dijo Nanette en tono suave.
—Además de miedo, hay mucha inseguridad.
Nanette continuó con voz amable:
—En el fondo de tu corazón, esa relación con Galileo se ha convertido en la mayor mancha de tu vida.
—Por fuera parece que ya no te importa, pero en realidad, es algo que ha echado raíces muy profundas en ti.
—Sientes vergüenza de ello, y eso te hace sentir inferior.
—Por eso no te atreves a que te guste nadie más. Mantienes tu distancia con los hombres, e incluso cuando alguien te ha insinuado algo o se te ha declarado, los has rechazado a todos.
Quien realmente se había dejado la piel para levantar la Clínica Especializada Infantil había sido Irene, su directora general.
Pero durante todo ese proceso, también había conocido a muchísimas personas.
Entre ellos, hubo dos hombres que, uno tras otro, le confesaron sus sentimientos a Irene.
Pero ambos fueron rechazados.
Tenía pánico de que alguien sacara a relucir aquel vergonzoso capítulo de su vida junto a Galileo.
Temía ser el hazmerreír, ser menospreciada.
Y, sobre todo, temía volver a cruzarse con un desgraciado como Galileo.
—Irene.
Nanette le tomó la mano.
—Si alguna vez aparece alguien dispuesto a amarte con todo su corazón y a tratarte bien, por favor, considéralo.
Después de todo, la vida es muy corta.
No tiene sentido quedarse anclada en el pasado.
Al ver acercarse a Dante, ambas dieron por terminada su charla.
Dante llevaba un gran ramo de flores entre las manos.


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