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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 523

Gael se volvió para mirarlos a los dos.

—¿Esa agua mineral viene con espinas o qué?

—Jamás debí haberte recogido de la estación de policía aquel día —replicó Nanette, molesta.

Gael, por fin, decidió guardar silencio.

La pequeña mente de Isaac seguía analizando la situación con pura curiosidad.

Nanette miró de reojo a Noel.

Y dio la casualidad de que él también la estaba mirando.

Sus miradas se cruzaron, y fue como si una fuerte corriente eléctrica los obligara a apartar la vista de inmediato.

La expresión de Noel denotaba una clara incomodidad.

El corazón de Nanette latía desbocado.

Esa noche en la que la habían drogado, ellos dos...

Aunque no recordaba en absoluto lo que había sucedido, al recordar cómo tenían los labios lastimados, podía intuir algo.

La imagen mental era tan bochornosa que sintió que le ardían las mejillas.

Sabina notó que algo andaba mal.

—Nanette, ¿tienes calor? Tienes la cara muy roja.

Nanette se tocó la mejilla con el dorso de la mano.

—Sí, un poco de calor.

La mirada perspicaz de Gael iba y venía entre los dos.

Nanette sintió un escalofrío al notar cómo la observaba y le lanzó una mirada fulminante a modo de advertencia.

Ese sujeto, a veces, realmente merecía que le cosieran la boca.

Camila Mancilla, por su parte, se mantuvo en silencio todo el tiempo.

Parecía haber deducido algo, y una ligera incomodidad se instaló en su pecho.

Aunque se repetía una y otra vez que no debía albergar pensamientos fuera de lugar, no podía tenerlos.

Pero le resultaba imposible controlar sus emociones.

Nanette le echó un vistazo a Camila.

Al verla tan sumida en sus propios pensamientos y con el ceño fruncido, entendió perfectamente lo que pasaba por su mente.

Sin embargo, no quiso entrometerse más en sus asuntos.

Quintín llegó a toda prisa justo después de salir del trabajo.

—¿Cómo están las cosas?

—Lleva adentro unas cuatro o cinco horas, aún falta bastante para que termine —respondió Nanette.

Quintín trató de tranquilizarla.

—No te preocupes, ya mandaron llamar a un especialista muy reconocido de Puerto Alba. Todo saldrá bien.

¿Eh?

Nanette se quedó pasmada.

¿Cómo sabía su padrino que el especialista venía de Puerto Alba?

Ella nunca se lo había mencionado.

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