Isaac ahogó un grito y echó a correr detrás de él.
—¡Dios mío, por qué se adelantó otra vez!
Durante todo el camino, Isaac no dejó de rezar.
Rogaba a Dios que tanto la madre como el bebé salieran sanos y salvos.
Desde que la señora Cortés se había quedado embarazada de su segundo bebé, su jefe vivía con los nervios de punta todos los días.
Si ella apenas estornudaba, él ya estaba al borde de un ataque.
Para cuando Noel llegó, Sabina y su esposo, junto con Remigio y su esposa, ya estaban allí.
Fabián Vidal seguía en medio de una cirugía, así que por el momento le era imposible asistir.
Joaquín Cortés, que ya había pasado por esa experiencia una vez, se mantenía algo más sereno.
Remigio, en cambio, estaba tan ansioso que no paraba de caminar de un lado a otro.
—¿Puedes sentarte un rato? Me estás mareando con tantas vueltas —le recriminó Joaquín.
Remigio le respondió con mala gana:
—¡Claro, como no es tu hija biológica, a ti te da igual!
Joaquín se quedó mudo.
—Hoy te la paso por alto, solo por respeto al esfuerzo que está haciendo Nanette allá adentro.
Daniela jaló a Remigio obligándolo a sentarse.
—No te preocupes. Esta vez a Nanette le harán cesárea, y el cirujano es el jefe de departamento, una verdadera eminencia médica. Te aseguro que todo saldrá perfecto.
Remigio frunció el ceño con angustia.
—Pero Nanette se adelantó, es un parto prematuro.
Sabina intervino con una sonrisa tranquilizadora:
—Solo se adelantó unos cuantos días a la fecha prevista, pero ya completó los meses necesarios. Clínicamente ya no se considera parto prematuro.
Noel se sentía lleno de culpa.
—No debí haberla dejado ir a la clínica hoy.
Irene también estaba devorada por el remordimiento.
—Señor Cortés, fue mi culpa. Debí haber estado más pendiente de ella.
Hugo habló en voz baja:
—Ya conoces el carácter de Nanette. Cuando se le mete algo en la cabeza, ni siquiera el señor Noel puede disuadirla, mucho menos tú. Así que no te culpes.
Irene lo miró, y al recordar las palabras que Nanette le había dicho horas antes, un destello de emociones indescifrables cruzó por sus ojos.
En el instante en que se abrieron las puertas de la sala de partos...
Todos los presentes se pusieron de pie de un salto.
Dos enfermeras salieron; cada una llevaba en brazos a un recién nacido.

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