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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 539

Nanette apareció en Altavista Premier.

Pero no estaba frente a la puerta de su propio departamento.

Estaba frente a la puerta de Noel.

Sabía que él estaba ahí.

Solo había ido para confirmar una cosa.

Alguien le había mandado un mensaje diciendo que Noel estaba gravemente herido por su culpa.

Al principio, Nanette dudó de la veracidad de aquellas palabras.

Así que le hizo una videollamada para comprobarlo con sus propios ojos.

Pero Noel se la cortó.

Eso era extremadamente inusual en él.

Él jamás le colgaría el teléfono.

Porque le había jurado que, sin importar cuándo lo necesitara, siempre estaría a su lado.

Luego, Nanette le mandó un mensaje preguntándole su ubicación.

Noel solo respondió dos palabras: [En casa].

El verdadero hogar de Noel no era La Mansión Cortés; era Altavista Premier.

Nanette tocó el timbre.

Isaac le abrió la puerta.

Al verla, el semblante de Isaac se tensó.

—Señorita Larco, ¿qué milagro la trae por aquí?

—¿Está Noel? —preguntó ella, imperturbable.

Isaac bloqueó la entrada con el cuerpo.

—¿Eh? El Sr. Cortés no está.

Nanette lo miró con frialdad.

—Ya le envié un mensaje y me confirmó que está en casa.

Isaac tosió un poco.

—Seguro se refería a la mansión...

—Isaac —Nanette fijó su vista en los ojos evasivos del muchacho—. ¿Sabías que cada vez que mientes, tus pupilas rebotan para todos lados?

Isaac suspiró, derrotado.

—Señorita Larco, por favor, no entre ahora. El joven amo no se siente bien. Está descansando. Mejor déjelo dormir.

—Con mayor razón debo verlo.

Tras decir esto, lo esquivó y se adentró en el lugar.

Isaac no sabía si atajarla o dejarla pasar.

—Señorita Larco, por favor, escúcheme...

Nanette empujó la puerta de la habitación.

Un penetrante olor a ungüentos asaltó sus fosas nasales.

El hombre estaba recostado boca abajo sobre la cama.

Las heridas en su espalda fueron como puñales directos a los ojos de Nanette; como si alguien le hubiera desgarrado los nervios del corazón.

Su espalda era ancha, robusta y con la musculatura bien definida; una obra de arte tallada a la perfección.

Un lienzo impecable.

Trágicamente arruinado por una telaraña de latigazos.

La sangre brotaba de las cicatrices desiguales. La peor de todas se abría salvaje y feroz, simulando los pétalos de una flor ensangrentada.

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