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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 1216

En la línea se podía escuchar la respiración pesada de Venancio Lenso.

—Noel desapareció...

Nanette se apretó el pecho con fuerza.

—¿Qué quieres decir con que desapareció?

Venancio Lenso: —Después de que me hirieron, Noel le ordenó a Hugo que me protegiera mientras él atraía a los asesinos.

Hugo obedeció las palabras de Noel y, en el momento crucial, usó su propio cuerpo como escudo para proteger a Venancio de las balas.

—Cargué a Hugo y corrí durante mucho tiempo, pero finalmente mi cuerpo no aguantó más y me desmayé.

Al despertar, se enteró de que había estado en coma en una cama de hospital durante varios días.

—Hugo...

Y Noel no aparecía por ninguna parte.

No había forma de saber si estaba vivo o muerto.

—Nanette, perdóname...

—Cuando me fui te prometí que traería a Noel sano y salvo.

—Te fallé...

—Noel se sacrificó para salvarme...

Sonaba como si intentara consolarse a sí mismo y, al mismo tiempo, darle esperanza a ella.

—La gente de El Refugio del Bien está buscándolo. Estoy seguro de que lo encontrarán.

El Refugio del Bien.

El centro de rehabilitación fundado por Noel Cortés.

Creado para ayudar a jóvenes desamparados o que habían perdido el rumbo, ayudándolos a rehabilitarse y empezar de nuevo.

Para todos ellos, Noel era como el padre que les había dado una segunda oportunidad en la vida.

Estaban dispuestos a arriesgar sus vidas para encontrar a su benefactor.

Vivo, debían encontrarlo.

Si estaba muerto, debían encontrar su cuerpo.

—Venancio.

Todas las emociones de Nanette se atascaron en su garganta en un nudo de dolor y angustia. En sus ojos solo quedaba una profunda desolación y amargura.

Cada palabra que pronunció exigió toda su fuerza. Su voz sonaba ronca y abrumada:

—Entiendo. Yo... estoy un poco cansada. Quiero dormir un rato.

***

Pasaron dos días y dos noches.

Nanette se encerró en su habitación por todo un día y una noche.

Sin comer, sin beber y sin decir una palabra.

Sin importar cuánto tocara a la puerta Sabina Prieto, no salía ni daba respuesta alguna.

Sabina Prieto estaba tan desesperada que lloraba sin cesar.

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