—Soy tu prometido. ¿No es mi deber acompañarte?
Jovita dejó escapar una risita encantadora y, sin ningún reparo por la presencia de los demás, habló con total sinceridad.
—Noel, este repentino cambio de actitud me toma por sorpresa. Es como si me hubiera caído un premio del cielo, se siente casi irreal.
El rostro de Noel permanecía impasible y gélido.
—Cuando tengas tiempo libre, te acompañaré.
—¡Por supuesto! —respondió Jovita, radiante—. No tengo ningún compromiso importante en estos días, así que me sobra el tiempo. Ve preparándote para cansarte de mí, entonces.
—Bien.
Noel reanudó su marcha hacia su habitación, sin mirar atrás.
Aunque Nanette mantuvo la vista clavada en el suelo, pudo sentir con claridad la intensidad de la última mirada que él le había lanzado antes de alejarse. Estaba cargada de una desesperación abismal y una furia contenida que le heló la sangre.
Al ver a los dos desaparecer juntos tras la puerta de la habitación, Nanette sintió que su alma caía al fondo de un pozo oscuro.
Pero al menos, seguía de pie. Todavía lo soportaba.
¡No pasaba nada! Todo iba a estar bien con el tiempo.
***
—Puedes volver a tu habitación a descansar.
Noel se reclinó pesadamente en el sofá y encendió un cigarrillo.
Jovita lo miró, perpleja.
—¿Desde cuándo fumas?
Él dejó escapar una densa nube de humo con lentitud.
—Desde que llegué a San Lirio.
—¿Es por el estrés del trabajo? —preguntó ella con tono comprensivo.
—Tal vez.
Jovita se acercó a la ventana y la abrió un poco para dejar correr el aire.
—Noel, deberías fumar menos. No te hace bien.
Noel no respondió.
Jovita se quedó observándolo en silencio por unos largos segundos.
—¿Hay algo que te esté molestando?
Los labios del hombre se entreabrieron, pero terminó tragándose las palabras que estaba a punto de pronunciar.
¿Qué caso tenía hablar?
¿De qué servía decir algo si todo carecía de sentido? Si él era el único que seguía luchando por esa relación, ¿qué sentido tenía aferrarse a la esperanza?
A Jovita no le gustaba el olor a tabaco, pero en lugar de exigirle que lo apagara, se sentó a una distancia prudente de él y le preguntó con una voz aterciopelada:
—¿Tu padre te reclamó por algo? Te ves muy deprimido.
Noel apagó el cigarrillo a medio consumir en el cenicero.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó