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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 1263

—Sé que todo lo que pasó me afectó psicológicamente. De verdad necesito ayuda.

La mirada de Noel se fijó en los ojos llorosos de ella, mientras él se tragaba con fuerza el nudo de dolor que se le formaba en el pecho.

—Si te digo que quiero llevarte al psicólogo... ¿te molestarías conmigo?

Nanette levantó la mirada y sostuvo la de él por un largo rato.

Para darle tranquilidad, le ofreció una leve sonrisa.

—No voy a huir del doctor.

Ella no cometería el error de esconder su dolor.

Lo más importante era que, si se negaba a enfrentar su problema, su esposo viviría consumido por la angustia.

Y no quería que él cargara con ese peso.

Noel soltó un suspiro de inmenso alivio.

Había temido que ella se negara a reconocer lo que le pasaba.

Pero, para su sorpresa, lo había aceptado con toda madurez.

Con la conversación terminada, la habitación se sumió en un repentino silencio.

Acostada sobre el pecho de él, podía escuchar los latidos fuertes y constantes de su corazón, y el ritmo suave de su respiración.

Ella apenas se movió un poco entre sus brazos.

Y la respiración de él se volvió inmediatamente más pesada.

La nuez de Adán de Noel subió y bajó.

El deseo de su cuerpo se desató como un río desbordado, imposible de contener.

Al ver esos ojos repletos de anhelo, Nanette tomó la iniciativa y le entregó sus labios.

Tras meses de separación, la añoranza acumulada se fundió en una larga y apasionada entrega.

En el momento más crítico, él se detuvo, estirando la mano hacia el cajón de la mesa de noche para buscar uno de los preservativos que ofrecía el hotel.

Nanette lo detuvo, y con una voz suave y seductora, murmuró:

—No hace falta.

***

Cuando despertaron, el sol ya estaba alto en el cielo.

Al mirar al hombre que seguía profundamente dormido a su lado, Nanette no pudo evitar sonreír.

Habían tenido tres intensas rondas esa noche.

Era lógico que estuviera agotado.

Esos tres meses de castidad le habían cobrado una factura enorme.

Nanette estaba a punto de levantarse para vestirse cuando fue arrastrada de vuelta a la cama.

Él la abrazó por la espalda, rozando con su mejilla la nuca de ella.

—¿No vas a dormir un ratito más?

Nanette apoyó su mano suavemente sobre el brazo que él tenía alrededor de su cintura.

—Ya no tengo sueño, pero sí un poco de hambre.

Noel se despertó por completo de golpe.

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