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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 1051

Estrella lo observaba en silencio, notando cómo su rostro perdía todo rastro de color. Aunque no había visto la pantalla, intuía perfectamente que el mensaje tenía que ver con Cintia.

Siendo así, ¡ahora solo le quedaba esperar a que él dictara su sentencia!

Sí, ¡su sentencia!

Parecía que su destino, ya fuera en manos de Marcelo, de Callum o del propio Alonso, siempre se reducía a lo mismo: esperar pasivamente una condena. Porque ninguno de ellos le daría jamás la oportunidad de elegir.

Alonso levantó la vista hacia ella.

Con total indiferencia, Estrella apartó el trozo de pato al jengibre que él le había servido y comenzó a comer el cerdo agridulce como si nada estuviera pasando.

—Estrella... —la llamó él, con la voz rota.

Ella lo ignoró olímpicamente y siguió comiendo.

—¡Necesito saber qué demonios le pasó a Cintia estando en manos de tu hermano! —El pánico y la desesperación en la voz de Alonso eran innegables.

—En eso no te puedo ayudar. Yo no pinto nada en la familia Harrington.

Cuando regresó al Reino Unido la vez anterior, todo el mundo hablaba del gran retorno de la princesita de la familia Harrington. ¿Y la realidad?

Ahora que lo pensaba, ¡el apodo de princesita le parecía la burla más grande del universo!

Lo que estaba diciendo era la pura y cruda verdad.

Sin embargo, su tono frío y distante fue como un latigazo en los nervios ya destrozados de Alonso.

—Cintia siempre fue buena contigo, ¿no es así?

Desde la perspectiva de Alonso, de todos los miembros de la familia Echeverría, la única con la que Estrella realmente se llevaba bien era con Cintia.

—¿Y qué con eso? —respondió ella con desdén—. ¿Se supone que debo darle algo a cambio? No lo olvides, tu familia...

—¡Basta! —la cortó Alonso de tajo antes de que pudiera terminar.

Sabía exactamente a dónde iba. Iba a desenterrar ese odio profundo otra vez.

Y, siendo honestos, para Estrella, el daño que le había hecho toda la familia superaba con creces cualquier acto de bondad.

—¿Acaso no podemos separar las cosas? —preguntó él, sintiendo que le faltaba el aire.

Estrella lo miró directamente a los ojos, sin pronunciar palabra.

Esa mirada gélida fue respuesta más que suficiente.

—¡Hay algo oculto detrás de la muerte de tu madre! —soltó Alonso de repente.

¡Y era precisamente en esos momentos cuando más brillaba su verdadera esencia!

Y ahora, esa chica tan llena de vida estaba postrada en una cama de hospital, conectada a una máquina para poder respirar.

Pero lo que más le revolvía el estómago eran esos hematomas oscuros alrededor de su cuello. Eran una visión grotesca.

Si Callum había enviado esa foto justo en este momento, era con el único y retorcido propósito de llevar a Alonso al límite. Quería empujarlo a la desesperación para que entregara a Estrella a cambio de la libertad de Cintia.

¡Y estaba usando un método tan bajo...!

¡Tan absolutamente despiadado!

Pero entonces, ¿por qué Callum estaba tan obsesionado con tenerla de vuelta ahora mismo?

La mirada de Estrella se volvió cada vez más gélida.

—Estrella... —murmuró el hombre.

Al pronunciar su nombre, se quedó sin palabras. Solo la miraba fijamente, como si buscara una respuesta en su silencio.

Pero Estrella no dijo ni pío.

En realidad, ya había entendido a la perfección las intenciones de Alonso. En el fondo, no era más que eso: sacrificarla a ella para salvar a Cintia.

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