El comportamiento de Marcelo en Nueva Cartavia y en el Reino Unido era como el día y la noche, tanto que ella llegó a creer que él había cambiado.
Especialmente en lo que respecta a Estrella Robles; no se trataba solo de sentimientos, sino que había intereses de por medio.
¡Quién diría que Alonso confirmaría que, detrás de todo el rencor, Marcelo fue el primero en arrasar con todo para vengar a Estrella!
A estas alturas, ya ni siquiera sabía cómo catalogar la relación entre Marcelo y Estrella.
—Ella... —murmuró Alonso.
¿Ella qué?
En el instante en que mencionó a Estrella, Alonso cerró los ojos, incapaz de articular otra palabra.
No podía asimilar el hecho de que ella se hubiera alejado de él de una forma tan absoluta y definitiva.
Resultaba que...
Su huida o el haberse convertido en la consentida de la familia Harrington no eran las distancias más grandes entre ellos.
¡La verdadera separación!
Era esta frontera infranqueable entre la vida y la muerte.
—Aun así, tienes que ponerte de pie. Pase lo que pase, la vida sigue adelante —le rogó Cintia con tristeza.
La verdad es que, durante todo ese tiempo, ella tampoco había podido procesar la noticia del fallecimiento de Estrella.
Pero viendo a Alonso tan destruido...
Era obvio que lo que tenía que comprobarse en Puerto Cieloalto, ya había sido comprobado.
...
Cuando una persona lleva tanto dolor por dentro.
Hablarlo suele aliviar la carga. Alonso finalmente se había desahogado un poco, y eso parecía haberle dado un respiro.
Cuando Amos regresó.
Alonso por fin lo increpó:
—¡¿Por qué no trajiste su cuerpo?!
Fue entonces cuando Alonso realmente dimensionó el hecho de que Estrella no había regresado con ellos.
Sus pertenencias, y todo lo demás...
Amos se quedó atónito ante el reclamo.
—Oye, hermano, ¡tú te desmayaste! Los que estaban ahí eran, por un lado, su hermano biológico, y por el otro... bueno, ya sabes, el que estaba loco por ella.
A Amos se le erizó la piel ante esa mirada.
—Oye, en serio, ¿hasta ahorita te vienes a acordar de esto?
Con ese silencio de quince días, cualquiera pensaría que ya había analizado y comprendido todo a la perfección.
¿A qué venía este reclamo ahora?
Como si tuviera ganas de hacer un berrinche...
—Entonces, ¿dónde está ella ahora? —preguntó Alonso.
¡Necesitaba saber con urgencia dónde se encontraba!
—¡Se la llevó Marcelo Castañeda! —respondió Amos.
Ese era un detalle que Amos se había encargado de averiguar, aunque no hubiera logrado traerla consigo.
¡Por lo menos debía saber cuál había sido el último paradero de Estrella!
Aun si ella ya no estuviera en este mundo...
Al enterarse de que Marcelo se había llevado todo lo que quedaba de Estrella, el rostro de Alonso se oscureció de golpe.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...