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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 1134

Después de todo el sufrimiento que había soportado, ya no era la ingenua muchacha que creía en falsas promesas de amor. No le importaban las palabras dulces que le susurraran al oído. Su corazón se había blindado, volviéndose impenetrable, sin importar cuán cálida y afectuosa fuera la expresión de Marcelo.

Al notar su obstinado silencio, Marcelo le pellizcó suavemente la cintura.

—Sé que en este momento no confías en mí.

—No confiaré en ti en lo que me resta de vida —lo interrumpió Estrella con frialdad. Su mensaje era cristalino: que no perdiera más el tiempo intentando reconquistarla. Estrella era implacable en ese aspecto; una vez que alguien traicionaba su confianza, era prácticamente imposible recuperarla. Por eso, cuando entregaba su lealtad, exigía que la valoraran de verdad. Pero tanto Alonso como Marcelo habían destrozado esa confianza sin remordimientos.

Marcelo se quedó callado unos segundos. Luego, apoyó la barbilla en su hombro y suspiró.

—La vida da muchas vueltas. No digas cosas de las que luego puedas arrepentirte, ¿de acuerdo? —Sabía que ella intentaba alejarlo, obligarlo a darse por vencido. Pero eso jamás iba a ocurrir.

—Si no me quieres creer, es tu problema.

—Ni siquiera pienses en abandonarme. —Esa era la única condición de Marcelo: pase lo que pase, ella tenía que quedarse a su lado. Cuando recordaba la férrea voluntad que Estrella había mostrado para escapar de Alonso, sentía un nudo en el estómago. ¡Le aterraba la idea de que planeara lo mismo con él! Sabía perfectamente que, cuando Estrella decidía marcharse, no había fuerza humana capaz de retenerla. Y sospechaba que ella ya estaba buscando la manera de huir. Por ese motivo, todos en Villa Ismar estaban vigilando sus pasos como si fuera una prisionera de máxima seguridad.

—Escuché que abrieron un restaurante nuevo en el pueblo. Dicen que tienen comida con sazón de Nueva Cartavia —dijo Estrella, cambiando bruscamente de tema. No tenía ganas de seguir discutiendo. Cada conversación con él era un laberinto sin salida que solo terminaba en frustración.

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