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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 119

Además, ¿qué era eso de «vivir de arrimada»? Primero, se mudaron de la mansión familiar en cuanto se casaron. Y segundo, viendo lo que había hecho estos días… ¡Con ese carácter, nadie creería que vivía sometida! Había puesto a toda la familia Echeverría de cabeza.

Serrano lo sabía bien, pero no podía decirlo.

Reprimió su descontento y dijo:

—Señorita Robles, la señora espera que podamos resolver esto amistosamente.

—Pida lo que quiera, se cumplirá cualquier exigencia.

—¿Ahora quiere arreglarlo por las buenas?

Serrano guardó silencio.

—¡Dígale que use la misma energía que usó para ayudar a su hija a robarme al marido para enfrentarse a mí ahora!

La cara de Serrano era un poema. Desde que murió Julián, Yolanda había presionado para que Mónica se quedara con Alonso, pues sacaban mucho provecho de la familia Echeverría. Yolanda no quería perder esa mina de oro.

Escucharlo de boca de Estrella sonaba terriblemente hiriente.

—¿Esa actitud significa que no quiere negociar?

—Ella me ataca cuando quiere, ¿y ahora quiere negociar cuando le conviene? ¡Que siga soñando! —escupió Estrella con frialdad.

Serrano ya no pudo más. Estaba acostumbrado a tratar con gente importante y la actitud de Estrella colmó su paciencia.

Se levantó, se alisó el traje arrugado, la miró con amenaza y se marchó.

La puerta se cerró de un golpe.

Marisol se acercó corriendo.

—Señora, usted conoce los métodos de la señora Yolanda. Esto solo hará que la odie más.

Marisol estaba genuinamente preocupada. Estrella no tenía respaldo y, al enemistarse con toda la familia Echeverría y ahora con Yolanda, temía que no pudiera manejarlo.

Estrella miró a Marisol.

—Marisol.

—Dígame, señora.

Capítulo 119 1

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