¡Hablando de la Mansión Arsenio! No había nada más irónico.
Se suponía que era su casa con Alonso, pero Mariela había vivido allí todo el tiempo. A Alonso le daba igual, era su hermana. Pero que Mariela usara a Marcelo y la casa para negociar era repugnante.
Estrella arqueó una ceja y se dirigió al cuarto de almacenamiento.
Allí guardaban la gasolina para la cortadora de césped…
…
Marisol salió de la mansión con un mal presentimiento. Intentó llamar a Alonso para contarle sobre la extraña actitud de Estrella, pero no contestó. Resignada, se apresuró al supermercado para comprar el vinagre y volver rápido.
Mientras tanto, Alonso iba camino al hospital. Lo pensó un momento y llamó a Marcelo.
Esta vez, Marcelo contestó.
—Ella no irá a trabajar por un tiempo. ¡Se quedará en casa recuperándose para buscar un embarazo! —enfatizó las últimas palabras con fuerza.
Al otro lado de la línea, Marcelo, siempre serio y reservado, soltó una carcajada al escuchar la palabra «embarazo» dicha con tanta calma por Alonso.
—¿Crees que ella te dará un hijo?
—Es mi esposa, si no me lo da a mí, ¿a quién se lo va a dar?
Ya estaba harto de la relación entre Marcelo y Estrella, y ahora hablaba con los dientes apretados. Era su forma de marcar territorio.
—Se van a divorciar —dijo Marcelo.
—¡...! —Al escuchar la palabra «divorcio», los nervios de Alonso estallaron.
—¡Marcelo, no te pases!
¿Decir que se iban a divorciar? Antes lo dejaba pasar, ¡pero ahora lo decía con una seguridad pasmosa! ¿Qué planeaba hacer si no se divorciaban?
En su oficina, Marcelo vestía un traje oscuro con corbata gris plata. Emanaba una presencia imponente. Sus gafas de montura dorada le daban un aire intelectual, pero mezclado con una frialdad intimidante.
Al escuchar la furia de Alonso, respondió tranquilo:
—Gritarme no sirve de nada. Alargar esto no te beneficia, mejor divórciate pronto.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!