¿Quién se creía que era?
¿Cuántas misiones encubiertas había realizado en todos esos años?
Si alguien quería seguirle el rastro, tendría que sudar sangre para lograrlo.
—¡Pero si deciden buscarte de nuevo, lo harán sin esfuerzo! —replicó Estrella.
¡Después de todo, ella seguía viva para el resto del mundo!
Todo su rastro, sus datos, su existencia... seguían intactos.
A diferencia de Estrella y Marcelo, que habían borrado cualquier huella de su paso por el mundo.
—¿Y para qué perderían el tiempo buscándome? ¿Creen que soy tan importante como ustedes o el señor Castañeda? —dijo Rocío, restándole importancia.
Estrella se quedó sin palabras.
—¡Oye, si tanto te preocupa, puedo fingir mi muerte yo también! —sugirió Rocío.
¿Fingir su muerte?
¿Acaso creía que desaparecer del mapa era como ir de compras?
Si Rocío armaba un escándalo fingiendo su muerte ahora, no hacía falta ser un genio para saber que eso solo despertaría las sospechas de Alonso y Callum.
Estrella respiró hondo.
—No me importa cómo nos encontraste ni a qué viniste. ¡Vete de aquí ahora mismo!
—¿Eh? ¿Me estás diciendo que...
—¡Vete ya! —le ordenó Estrella sin darle tiempo a replicar.
Rocío no podía quedarse ahí. Y no solo ella, Estrella y Marcelo también tendrían que huir de inmediato.
—Oye, pero esto es...
A Rocío no le hizo ninguna gracia que la echaran apenas cruzó la puerta.
¿Qué clase de trato era ese?
—No es como si fuera a venderlos, ¿por qué te pones así?
Rocío cruzó los brazos, indignada.
¡Acababa de llegar, por el amor de Dios!
—Siempre te traté bien antes, y ahora tú...
—¡Rocío! —la interrumpió Estrella, alzando la voz.
Rocío torció el gesto.
—Escucha, no te preocupes. Mientras yo no quiera ser encontrada, ni aunque tengan poderes divinos podrán dar conmigo.
Esa era la mayor garantía que Rocío podía ofrecerle.
¡Y era la pura verdad!
Durante años, su especialidad había sido desenterrar los secretos de otros. Que alguien intentara desenterrar los suyos era casi imposible.
—Como sea, ¡te tienes que ir! —insistió Estrella.
No importaba lo que Rocío dijera, Estrella no podía permitirse confiar ni mucho menos apostar su libertad.
¡Había luchado demasiado para escapar!
Aunque todavía tenía que lidiar con el insoportable de Marcelo.
No podía negar que su vida ahora era mucho más tranquila que antes. Sin presiones, sin tragedias inminentes.
Parecía que los desastres del mundo exterior ya no podían alcanzarla.
Se había aferrado con uñas y dientes a esa paz.
Con solo deshacerse de una última persona —Marcelo—, su mundo finalmente estaría en completo silencio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...