Media hora después, Callum apareció.
Echó un vistazo al cuchillo que Cintia sostenía contra su propio cuello. Sus ojos se oscurecieron.
—¡Suéltalo!
Fue una orden lúgubre.
Cintia apretó más el agarre del arma.
—¡Solo quiero hacer unas preguntas!
Callum entrecerró los ojos.
—Dije que lo sueltes.
El tono del hombre estaba impregnado de una amenaza inminente.
Cintia casi no podía respirar bajo la presión abrumadora que emanaba de él. Sus dedos se tensaron.
La hoja cortó la piel de su cuello, y un rastro escarlata brotó, deslizándose hacia abajo.
Ese rojo alarmante hizo que los sirvientes que acompañaban a Callum se taparan la boca con horror.
La mirada ya peligrosa de Callum se tornó aún más letal.
¡El aura a su alrededor se volvió gélida!
Al sentir esa energía, Cintia presionó el cuchillo por puro instinto. ¡Le aterraba...!
¡Le tenía un miedo insoportable!
Especialmente cuando no decía nada, con esa mirada que parecía a punto de devorarla viva.
—Y-yo... solo quiero hacer unas preguntas.
Bajo el yugo de la presencia del hombre, Cintia empezó a tartamudear.
¡Pero tenía que preguntar!
—Pregunta —concedió Callum.
Una sola palabra, mortalmente amenazante.
Pero al fin había cedido.
—¿Mi hermano Alonso vino a Oricalco?
—¡Sí!
—¿Sigue... con vida?
Al pronunciar esas palabras, su voz tembló de forma evidente, y sus ojos se llenaron de lágrimas.
Callum la miró con ferocidad, pero no respondió.
Y fue ese silencio aterrador lo que hizo que el corazón de Cintia se encogiera de pánico.
No pudo evitar sollozar.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...