No, ¡no era perdón!
Había decidido cargar todo el peso del odio y la culpa sobre sus propios hombros. Tras la golpiza con Marcelo, Alonso había abierto los ojos.
Marcelo tenía razón: ¡no fue culpa de Estrella!
El verdadero causante de todo este infierno... fue él mismo.
Alonso ni siquiera recordaba cómo había marcado el número de Estrella. Tuvo que llamar tres veces antes de que ella contestara.
En el auricular solo se escuchaba la respiración de ambos. Estrella guardaba un silencio absoluto.
Alonso separó los labios, pero no encontró las palabras.
En ese instante, el simple hecho de escuchar su respiración se sentía como un milagro... ¡y era suficiente para él!
Ella seguía viva. Estaba ahí. ¿Qué derecho tenía él a odiarla?
Seguir odiándola...
¿Iba a empujarla a la muerte otra vez?
¿Cuántas veces había estado a punto de morir por su culpa? Todas esas veces que se debatió entre la vida y la muerte, fue él quien la arrastró hasta allí.
Incluso esta vez, cuando tuvo que fingir su muerte para escapar... ¡fue por su culpa!
Hablaban de Callum Harrington y de Marcelo, pero en el fondo, de quien más desesperadamente quería huir era de él.
Al otro lado de la línea.
Estrella escuchaba cómo la respiración del hombre se volvía cada vez más pesada. Como él no decía nada, ella también se mantuvo callada.
Pasó una eternidad...
Justo cuando ella estaba a punto de colgar, pensando que él no hablaría, Alonso finalmente rompió el silencio.
—¿Me odias?
—...
Al escuchar esa pregunta, los dedos de Estrella se apretaron por instinto alrededor del celular.
¿Odio?
Si hablaba de odio, ¡claro que hubo un tiempo en que lo detestó con cada fibra de su ser!
Pero eso fue en el pasado. En cuanto al presente...
—Antes te odiaba. Ahora...
¿Y ahora qué?
Estrella ya ni siquiera podía describir lo que sentía por Alonso.
En Nueva Cartavia, su odio había sido un incendio incontrolable.
Pero en el instante en que dejó esa ciudad, las llamas se apagaron. Su alma había quedado desgastada, vacía.
Y después de todo lo que pasó, ya no había lugar ni para el amor ni para el odio.
Solo la muerte traería paz.
—¿Ganar o perder? —repitió Alonso.
—Sí. Si realmente quieres ajustar cuentas por los errores del pasado, entonces todo se resume a ganar o perder.
En cuanto al amor y el odio...
Para ella, esos conceptos ya no tenían cabida entre ellos.
—...
Al escuchar "ganar o perder", una sonrisa desgarradoramente amarga se dibujó en el rostro de Alonso.
En ese preciso instante, comprendió lo que significaba para ella.
Para Estrella, él ya no despertaba la más mínima emoción...
Eso era lo que pasaba cuando el odio llegaba a su límite absoluto: se transformaba en pura indiferencia.
¡Ella había renunciado a él por completo!
No, no solo a él... había renunciado a todo, a cualquier sentimiento humano.
—Si quieres vengarte, ¡entonces atrévete y ven por mí!
Lanzando esa advertencia, Estrella cortó la llamada sin darle oportunidad a responder.
La mano con la que Alonso sostenía el teléfono cayó inerte, como si le hubieran robado el alma.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...