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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 1285

Cuando Estrella llegó, Maxwell seguía al teléfono con Callum.

Al verla entrar, su expresión se endureció aún más.

—¿Te quedarás en casa esta noche?

—Sí.

—¡Entonces será mejor que aproveches el poco tiempo que te queda con esa mujercita!

Y con esas tajantes palabras, Maxwell cortó la llamada sin más miramientos.

Al volver la vista hacia Estrella, la dureza desapareció, reemplazada por una mirada llena de cariño paternal.

—¿Por qué no te quedaste a dormir en casa? ¿Tu hermano te hizo la vida imposible?

—No es que me moleste exactamente —admitió Estrella—, pero verlo me fastidia.

Especialmente porque, con todo el drama que se traía con Cintia, encima tenía el descaro de venir a fastidiarla con el asunto de Alonso.

Estrella tomó asiento junto a la cama del hospital.

Maxwell la observó con dulzura.

—Esa parte de la casa estará lista muy pronto. Así no tendrás que cruzarte con él cuando estés ahí.

—Gracias, papá.

—Mi niña, esa es tu casa. Lo más importante es que tú estés cómoda y feliz.

Cómoda... Al escuchar esa palabra, Estrella sintió una punzada de sorpresa.

Siempre había creído que en un lugar como el seno de la familia Harrington, la comodidad emocional era un lujo inexistente.

Su mirada se posó en un cesto de frutas cercano; allí había duraznos, sus favoritos.

Se levantó y tomó uno.

—¿Te pelo un durazno? —ofreció.

—No, sé que te encantan. Cómetelo tú.

Estrella se quedó en silencio.

Le sorprendió enormemente que Maxwell conociera ese pequeño detalle sobre ella.

Siendo un hombre tan ocupado...

Había asumido que él ignoraba esas cosas.

En aquellos días infernales en la casa Echeverría, la única persona en la que creía poder apoyarse era Alonso. ¿Pero cuál fue su respuesta?

Solo le dio la espalda, decepcionándola amargamente.

El punto de quiebre fue aquella vez en la Mansión Arsenio, cuando Yolanda Galindo casi la mata, mientras Alonso prefería estar en el hospital consolando a Mónica.

—Come, anda —dijo Maxwell, cortando el tema.

No tenía el menor interés en seguir hablando de Alonso Echeverría.

Y sobre todo, no quería escuchar a Estrella pedir clemencia o sugerir que dejara las cosas en paz.

La blandenguería de Callum para manejar a los Echeverría lo tenía profundamente decepcionado.

¡¿Qué importaba llevarse por delante tres vidas de esa familia?!

Frente al sufrimiento que habían causado a su propia sangre, esas vidas no valían nada.

Lo que realmente le quitaba el sueño era la enfermiza obsesión que Callum había desarrollado por Cintia.

Callum era su heredero, su mayor orgullo.

En el mundo en el que se movían, los sentimentalismos románticos no tenían cabida.

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