Él podía perdonarle que fuera torpe con los afectos familiares, pero involucrarse en enredos pasionales era un lujo que no podía permitirse.
¡Y ahora, esto...!
—Papá —dijo Estrella de pronto—, quiero retomar los entrenamientos que habíamos acordado.
Maxwell levantó una ceja, claramente sorprendido.
—De verdad quieres...
—Soy una Harrington —afirmó Estrella con determinación—. Si he decidido regresar y quedarme, no voy a ser una muñeca de cristal que dependa de que la protejan.
Sabía perfectamente que Lucio era el hombre de mayor confianza de Maxwell.
Y el hecho de que su padre lo hubiera asignado como su escolta personal...
Significaba que, en el fondo, la consideraba frágil e incapaz de defenderse.
—De acuerdo.
Si Estrella quería volver a entrenar, Maxwell no pondría la menor objeción.
Su pequeña princesa tendría siempre el apoyo incondicional para hacer lo que le placiera.
Una sonrisa iluminó el rostro de Estrella.
—Gracias, papá.
...
Esa noche, Maxwell ordenó que prepararan la habitación contigua para que Estrella pudiera descansar.
Apenas se había metido en la cama cuando su celular vibró. Era una llamada de Callum. Y justo después, otra de Cintia.
Evidentemente, se habían enterado de que los hombres de Maxwell andaban tras la pista de Alonso.
Como era de esperarse, ¡Estrella ignoró ambas llamadas!
...
Mientras tanto, en el Castillo Harrington.
Para cuando Callum finalmente apareció ante Jana Montalbán, había transcurrido una hora entera.
Una hora que evidentemente había invertido en mover hilos para proteger a Cintia y a Alonso.
—Es la primera y última vez que tolero una falta de respeto como esta —dijo Jana, con voz gélida.
Hacerla esperar una hora no era un asunto trivial.
Para personas de su estatus, el tiempo valía oro. Semejante desplante era inaceptable.
—Y espero que estés dispuesto a compensarme por los negocios que perdí en estos sesenta minutos —añadió sin inmutarse.
Jana, imperturbable, empezó a juguetear con un mechón de su rubio cabello.
—Pero hay un pequeño problema: no me hace ninguna gracia que ella siga respirando el mismo aire de Oricalco que yo.
—¿A qué te refieres?
—Me refiero a que si buscas a alguien que te sirva de tapadera, yo no soy esa mujer.
—...
—¡Si creíste que podrías usarme de escudo, elegiste a la candidata equivocada!
Callum guardó silencio.
—Es cierto que esta alianza nos beneficia a ambos —continuó Jana—, pero mi familia tiene otras opciones si tú no estás a la altura.
El mensaje estaba clarísimo.
Jana había ido hasta allí para darle un ultimátum: o se quedaba con Cintia y asumía las consecuencias, ¡o la mandaba muy lejos de allí!
Callum esbozó una sonrisa carente de humor.
—Tenían razón los rumores. Las mujeres de la familia Montalbán tienen los pantalones bien puestos.
—Y por cierto —dijo Jana, levantándose del asiento—, tu hermana me cae de maravilla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...