—Si no has vivido de los Echeverría, ¿entonces qué has comido todos estos años?
Estrella: —¿Qué he comido? ¿Quiere checar las cuentas? ¿Por qué no revisa los gastos de la Mansión Arsenio estos años? Si lo revisa bien, a lo mejor hasta me salen debiendo ustedes.
Mansión Arsenio.
La villa donde vivía con Alonso después de casarse.
Alonso le dio varias tarjetas tras la boda, pero cada una de ellas estaba vigiladísima por Isidora.
Si gastaba un centavo, ¡le llamaban para preguntar qué había comprado!
Con el tiempo, Estrella dejó de usarlas.
Isidora se mareó del enojo: —¿De qué estupideces hablas? ¿Que te debemos? ¿Estás bromeando? Y ademas, soy tu suegra. ¡Debes respetar a los mayores de la familia cuando hablas!
Cuando Alonso entró a la habitación, vio a Isidora tambaleándose y agarrándose de la silla.
Estrella, por su parte, estaba sentada en la cama con el rostro gélido.
Ante los insultos de Isidora, Estrella respondió: —¿Respetar a los mayores? ¡Ja!
»Dejando a Alonso de lado, ¿qué relación tengo yo contigo? ¿Qué clase de mayor eres para mí como para que te respete?
Isidora: —Tú...
Alonso entró con el rostro serio, emanando una presión intimidante.
Isidora, al verlo, exclamó: —¡Mírala, mírala! Mira cómo me trata. Soy su suegra y me insulta sin ningún pudor.
Alonso miró fríamente a Estrella.
Estrella volteó ligeramente la cara; en ese momento, su mirada también era dura y fría.
Isidora: —Te digo que tiene que pedirle perdón a Moni, lo que hizo fue demasiado.
Alonso miró a Estrella sin decir nada.
Pero su expresión dejaba claro que él también la culpaba por haber golpeado a Mónica en ese momento.
Estrella curvó los labios en una sonrisa: —¿Quieres que me disculpe? Está bien, me disculpo.
Isidora se quedó pasmada.
—¿Tú... aceptaste?
«Ja, llegó Alonso y se puso dócil, ¡sabe fingir muy bien!» pensó Isidora.
Estrella: —Voy ahora mismo a pedirle una buena disculpa.
Dicho esto, Estrella se quitó las sábanas y se bajó de la cama.
Para que Isidora le exigiera una y otra vez que se disculpara con Mónica, era obvio que Mónica había actuado como una blanca palomita frente a ella.
Isidora resopló: —Más te vale.
Al escuchar ese «más te vale», Estrella soltó una risa y caminó decidida hacia la puerta.
Cuando pasó junto a Alonso, él la agarró del brazo.
—Basta.
Por su actitud, no parecía que fuera a disculparse.
Estrella se soltó de un tirón: —¿Basta de qué? Si no me disculpo, tu madre no me va a dejar en paz, ¿o sí?


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