Si Marcelo lo hacía por Estrella, metiendo al Grupo Harrington en la pelea…
Eso era prácticamente hacer trampa.
Marcelo respondió:
—¿Que yo me pelee contigo?
—¿Acaso no es así? Si es por Estrella, ya puedes parar, ya me divorcié de ella.
Al decir la palabra "divorcio", la voz de Alonso se llenó de dolor.
Por su mente pasó la imagen de la primera vez que vio a Estrella…
Esa mirada que duró un instante y se sintió eterna. Solo con verla supo que quería estar con ella.
Cuando logró casarse con ella, pensó que nunca le soltaría la mano.
Pero al final, se divorciaron.
¡Por culpa de Marcelo!
Al escuchar esto, Marcelo soltó una risa baja:
—Alonso, de verdad que no te gira la ardilla.
—…
—¿Crees que el Grupo Harrington te ataca por un socio comercial como yo?
Alonso replicó:
—¿Y no es así? En toda Nueva Cartavia, solo tú, Marcelo, tienes trato con el Grupo Harrington.
Nadie más.
Marcelo dijo con indiferencia:
—¡Solo somos socios!
En pocas palabras, que el Grupo Harrington atacara a Alonso no tenía nada que ver con él.
Pero el Alonso de ahora no escuchaba y no creía.
El Grupo Castañeda también estaba retirando capital de proyectos conjuntos, dejando al Grupo Echeverría hecho un caos.
Alonso estaba abrumado con todo esto.
Antes de que Alonso dijera algo más, Marcelo colgó y le aventó el teléfono a Eduardo.
Eduardo lo atrapó:
—¿Alonso todavía no sabe por qué el Grupo Harrington va contra él?
—Con ese cerebro que tiene, ¿tú crees que piensa en otra cosa que no sea Mónica?
¡Antes pensaba que Alonso era listo!
Pero ahora…
—¿Ya se divorciaron definitivamente?
—Sí.
—Compra todas las cosas buenas que salgan —ordenó Marcelo.
Eduardo se quedó helado:
—¿To… todas?
—Sí, todas.
Eduardo tragó saliva.
Todas…
Espera…
—Escuché que la señora Echeverría iba a comprar algo en la subasta para dárselo a la señora Mónica como premio por los gemelos.
Era solo un rumor que había escuchado, no sabía si era cierto.
Pero si era verdad, y ellos acaparaban todo lo bueno, la familia Echeverría se iba a poner furiosa.
Fuera cierto o no el rumor, Marcelo decidió creerlo.
Bajó la mirada gélida y soltó una frase:
—¡Arrasa con todo!
¿Alonso creía que lo atacaba por Estrella? Pues ya que le cargaba el milagrito, se iba a dar el gusto de hacerlo realidad.

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