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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 462

Si hubiera sabido que Estrella tenía la capacidad de darle la vuelta a la tortilla de esta manera, jamás le habría hecho aquellas cosas, ¡digera lo que digera!

Esa maldita huérfana... ¡realmente la había subestimado!

—Señorita... —empezó Sandra.

—Pero dime, ¿qué hago? Mi madre está en Inglaterra y no regresa, y no sé cómo están las cosas por allá.

Recordando lo que Serrano le dijo por teléfono, los problemas en Inglaterra aún no se habían resuelto. Y Fabián Serrano seguía retenido por Alonso. Mónica estaba mental y físicamente agotada. No le importaba nada más, solo quería ir al hospital a ver cómo estaba su hijo. El médico había sido muy alarmista y ella tenía miedo.

—Creo que... no me han pagado el sueldo de tres meses —dijo Sandra de repente, cambiando de tema.

Mónica se quedó paralizada.

Al escuchar eso, su semblante se tornó completamente sombrío. Miró a Sandra con una mirada amenazante y preguntó con frialdad: —¿Qué quieres decir?

—Que... ¡ya no quiero trabajar aquí!

Sandra era una mujer lista. En los dos días que llevaba en la Mansión Echeverría, se había dado cuenta de todo. Incluso Alonso e Isidora estaban sometidos por Estrella. Era imposible que Mónica recuperara su poder y volviera a mandar en la casa como antes.

Especialmente porque Yolanda Galindo, desde Inglaterra, no enviaba buenas noticias. El poder de Estrella, capaz de revertir su situación tan rápido, indicaba que no sería fácil volver a pisotearla.

Que torturara a Mónica era una cosa. Pero ella, con su edad, ya no aguantaba ni el primer día. Si esto seguía, iba a colapsar. Aunque la familia Galindo la había tratado bien todos estos años y confiaban en ella, al final del día, ella solo era una empleada. Estaba ahí para ganar dinero, no para entregar su vida.

Al escuchar ese «ya no quiero trabajar», Mónica sintió una llamarada de ira en el pecho.

Apretó los dientes: —¿Me estás diciendo ahora que quieres renunciar? ¿No ves en qué situación estoy?

—Si no me equivoco, mañana habrá más trabajo que hoy, y ni siquiera he terminado lo de hoy.

Por muy leal que fuera Sandra, al ver que esto iba contra su propia vida, le había cogido miedo a Estrella. ¿Quién en toda la familia Echeverría se atrevía a ir contra ella ahora?

—Sabes demasiadas cosas sobre mí —dijo Mónica con voz gélida—, ¿crees que puedo dejarte ir así como así?

Sus palabras estaban cargadas de veneno.

Sandra se quedó muda.

—No olvides que no solo sabes mis secretos, ¡sino que participaste en muchos de ellos!

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