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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 463

Sandra tenía pruebas contra Mónica Galindo y, de la misma forma, Mónica tenía trapos sucios de Sandra.

Por eso, aunque Sandra quería irse, no le resultaba nada fácil.

Pero como el tema ya había salido a la luz, las caras que se ponían la una a la otra no eran precisamente amables.

A medianoche.

El médico volvió a llamar a Mónica para decirle que el estado del niño no era bueno.

Al escucharlo, Mónica entró en pánico.

Llamó de inmediato al chofer de los Galindo para pedirle que la esperara en el cruce de la carretera. Mientras se levantaba, despertó a Sandra.

Sandra estaba agotada después de todo el día y, además, antes de dormir había tenido ese enfrentamiento con Mónica.

Al ser despertada a esas horas, su rostro somnoliento mostraba pura impaciencia.

—¿Qué pasa? —preguntó con mal tono.

Al ver su actitud, Mónica sintió que la sangre le hervía del coraje.

¡Pero no se atrevió a explotar!

Estrella Robles realmente tenía buenas tácticas. Había logrado que incluso la sirvienta más leal de los Galindo se volviera en su contra.

Esa maldita mujer.

Más le valía no dejarle ninguna oportunidad de recuperarse, porque en cuanto Mónica encontrara una brecha, se la devolvería mil veces peor.

—Levántate, acompáñame al hospital —ordenó Mónica.

—¿Ahorita? —Sandra miró inconscientemente hacia la oscuridad de la noche a través de la ventana. No tenía muchas ganas de salir.

Mónica soltó un "mjú" a regañadientes.

—Me da miedo caminar sola de noche por la carretera.

El camino hacia la salida estaba casi deshabitado. Aunque había alumbrado público, caminar sola por ahí le daba escalofríos.

Sandra no quería ir.

Así era. Ya no importaban los títulos ni los derechos. Todo dependía de que Estrella tenía el control, y eso los dejaba atados de manos.

Isidora ya estaba bastante alterada.

Al ver bajar a Mónica, se sintió aún más humillada. Ella, la gran matriarca de los Echeverría, siendo sometida de esa manera... ¡de solo pensarlo sentía que le iba a dar el patatús del puro coraje!

—¿Y tú qué haces aquí abajo? —como no tenía dónde descargar su ira, apuntó directamente contra Mónica.

—Tu nieto está en estado crítico en el hospital. Tú, que eres su abuela, ¿podrías hacer algo? —replicó Mónica.

—¿Y qué quieres que haga en esta situación? —respondió Isidora.

El tono de Mónica estaba cargado de sarcasmo, y la furia de Isidora ya no se podía contener.

En solo unos días, la Isidora que intentaba mantener las apariencias se había derrumbado por completo.

Había que admitir que la jugada de Estrella parecía infantil, pero en realidad, ¡era despiadada!

Había desmoronado poco a poco la armonía que existía entre Mónica, Isidora y Alonso Echeverría. Tal como ahora, Mónica e Isidora ya ni siquiera se molestaban en fingir que se soportaban.

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