—Si yo les hubiera rogado en ese entonces, me habría visto igual de patética que tú. ¡Pero no lo hice!
Frente a todos los peligros, Estrella nunca bajó la cabeza.
Había crecido en un orfanato. Todos la miraban con desprecio… Pero lo que nadie sabía era que Estrella Robles tenía carácter. Si la despreciaban, a ella no le importaba, porque no necesitaba pedirles nada, así que jamás se doblegaría.
—Esa actitud de no tener dignidad es lo que realmente hace que la gente las desprecie.
—¿Por qué tienes que humillarme así? —preguntó Mónica.
Al escuchar la frase «no tener dignidad», Mónica se sintió aún más miserable. Sí, ahora no tenía dignidad. ¿Cómo podría tenerla? ¿Acaso el orgullo iba a solucionar sus problemas?
Su madre la presionaba. Martín la presionaba para salvar al bebé. Isidora la golpeaba en cuanto se enojaba. Todos… Todos los que antes la amaban y protegían, ahora la acorralaban y la agredían.
—En mi situación, dudo que incluso tú, Estrella, pudieras mantenerte firme.
Mónica miró a Estrella con los ojos llenos de lágrimas y continuó:
—Ganaste. Ganaste por completo. Bajo tu manipulación, yo, Mónica, me he quedado sola. Todos los que me protegían ahora están en mi contra. Ya no me queda nada.
No le quedaba nada, ¿y aun así no podía dejarla en paz?
Estrella levantó una ceja.
—Te equivocas. No es por mi manipulación, ¡es porque tú misma cavaste tu propia tumba!
El tono de Estrella al decir «cavaste tu propia tumba» estaba cargado de burla.
El corazón de Mónica tembló violentamente.
—Tú…


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