Estrella respondió con sarcasmo:
—Ah, sí, ¿y qué me va a faltar?
—¿Pero has pensado que, si algún día Marcelo deja de ser tu respaldo y Brandon Hill ya no te quiere, toda la gente a la que has ofendido te hará pedazos?
Mónica realmente ya no tenía otra opción.
Estaba arrodillada en el suelo, intentando convencer a Estrella por las buenas y por las malas.
Antes no eran así; antes, Mónica solo usaba la mano dura y las amenazas. Pero ahora, frente a Estrella, estaba recurriendo a todo, desde súplicas hasta advertencias veladas.
Incluso las advertencias las decía con mucha delicadeza. En el fondo, Mónica le estaba recordando a Estrella que en la vida no hay que quemar todos los puentes.
—De verdad… ya me arrepentí —dijo Mónica con los ojos llenos de lágrimas justo cuando Estrella soltó una risa fría.
Estrella se quedó en silencio.
¿Arrepentida?
—¡Si tan solo no hubiera escuchado tanto a mi mamá antes! Quizás tú y yo no habríamos llegado a este punto.
En el pasado, ella obedecía ciegamente a su madre.
Todo lo que Yolanda decía, Mónica lo tomaba como ley suprema. Incluso cuando le dijo que, tras la muerte de Julián, debía aprovecharse de Alonso para quedarse en la familia Echeverría, ella obedeció. Yolanda incluso le dio muchas de las ideas que ejecutó.
Ahora, al recordarlo…
Si no hubiera hecho caso a todo eso, tal vez Estrella no la estaría torturando de esta manera.
Pero ya era tarde.
Estrella estaba lanzando una venganza total y ella tenía que soportarlo sola. Encima, querían que ella resolviera todo este desastre…
Cuando le hicieron esas cosas a Estrella, no actuó sola, pero ahora que había que limpiar el cochinero, la habían dejado a su suerte. ¿Qué clase de trato era ese? ¿Ese era el resultado de obedecer a su madre?
Al escuchar esto, a Estrella le pareció aún más ridículo:
—Tú… ¿de verdad solo seguías órdenes de tu mamá? ¿Estás segura de que no eres tú la que es una basura?

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