Al escuchar las palabras de Alonso, Diego entendió al instante el trasfondo de todo.
Había que admitirlo, si Martín realmente planeó eso, su maldad no tenía límites. Y Mónica… era repugnante.
Pero pensar que Martín tuviera esas intenciones no era imposible. Cuando competía con Julián en el pasado, todos creían que era una rivalidad comercial común. Pero sumando su relación con Mónica y el hecho de que el hijo de ella era suyo… Entonces su plan… ¡probablemente era justo lo que Alonso acababa de decir!
Alonso apretó los puños con fuerza, irradiando un aura peligrosa y helada.
—¿Cuál es la situación con Fabio Cáceres?
—Sigue insistiendo en verlo —respondió Diego.
—Verme, ¡ja!
Hubo un silencio tenso.
—Realmente crió un buen hijo.
La familia Cáceres se había mudado a Nueva Cartavia hacía pocos años. ¡Eran unos recién llegados! ¿Cómo podían tener una ambición tan desmedida? ¿Cómo podía un simple Martín tener tal osadía?
Ahora Alonso no quería ni saber por qué ese viejo, el padre de Martín, tenía tanta hambre por los Echeverría. Si la muerte de Julián tenía algo que ver con Martín, ¡no iba a perdonar a la familia Cáceres!
Alonso cerró los ojos.
—¡Procedan según el plan!


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