Cuando Estrella abrió la puerta y entró, se topó de frente con Alonso, quien tenía los puños apretados y estaba a punto de salir.
Al ver los puños cerrados de Alonso, Estrella arqueó una ceja y una sonrisa burlona se dibujó en la comisura de sus labios.
—¿Y eso? ¿Vas a golpear a alguien?
Pronunció la palabra «golpear» con una ironía mordaz.
Le parecía ridículo verlo en ese estado.
—¿Qué traes tú con Marcelo? —reclamó Alonso.
Alonso estaba al borde de la locura. Primero había sido el banquete, con aquellas dos horas encerrada en el privado con Brandon. Y ahora, se abrazaba con Marcelo a la vista de todos.
¿Qué clase de relación tenían esos tres?
Era un caos, un maldito caos.
En la mente de Alonso, la imagen de Estrella se había convertido en un torbellino de confusión.
—¿Qué traigo? ¿Eso tiene algo que ver contigo? —respondió ella.
Alonso se quedó mudo.
—¿O es que todavía no te queda claro que al final nos vamos a divorciar?
—¿Al final? ¡Pero todavía no nos hemos divorciado! —bramó él, casi gritando.
Era cierto, legalmente seguían casados. Sin embargo, ella se la pasaba pegada a Marcelo o a Brandon.
—¡Nos divorciaremos! —soltó Estrella con frialdad ante el berrinche de su esposo.
En realidad, no entendía la actitud de Alonso. Después de todo, ¿no era él quien también quería el divorcio? Sus ganas de separarse habían sido evidentes.
Por eso, su reacción actual resultaba incomprensible.
—¡Já! ¿Tanta prisa tienes?
Estrella no respondió, solo lo miró.
—Claro, no sientes nada. Si no tienes intenciones sucias con ella, ¿entonces por qué la cuidas tanto? ¿Cómo explicas que por cuidarla hayas abandonado tu propia casa?
Alonso sintió como si le hubieran dado una puñalada.
Aquella frase, «abandonar su propia casa», se le clavó en el pecho.
Las palabras que Daniel Álvarez le había dicho tiempo atrás resonaron en su cabeza:
«Sé que la muerte de Julián te pegó muy fuerte y que debes cuidar a Mónica y al bebé, pero no puedes descuidar tu propio hogar por eso, ¿no crees?».
Aquello se lo había dicho Daniel la tercera vez que Estrella armó un escándalo por culpa de Mónica.
Daniel también le había advertido: «Te estás pasando con tus atenciones. Olvídate de que sea Estrella; cualquier mujer en su lugar estaría fúrica».
«Cuando un hombre se casa, tiene que buscar un equilibrio. Y en tu balanza, Estrella se quedó fuera».
Todo el mundo se daba cuenta. Debido a la muerte de Julián, él se había desvivido cuidando a Mónica y al niño que esperaba, cruzando la línea.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...