Si hubiera otra salida, Alonso no estaría considerando esa locura.
Había intentado todo con el Grupo Harrington.
Inútil, todo inútil.
Estrella no solo tenía a Marcelo detrás, sino también a Brandon Hill del Grupo Harrington.
—¡Estás loco! ¡Alonso, te volviste loco! —gritó la abuela al confirmar sus sospechas.
Recordó la exigencia de Estrella: quería todo el Grupo Echeverría.
Y ahora Alonso pensaba ceder y resolverlo de esa forma.
—¡Fracasar por una mujer ya es el colmo, pero rendirte ante ella es inaceptable!
—Alonso, de verdad que yo... yo...
La anciana estaba a punto de desmayarse del coraje.
¿Qué clase de maldición era esta? ¿Por qué las cosas habían terminado así?
—¡Tu abuelo nunca debió dejarle el control del grupo a tu padre!
La mujer al teléfono estaba histérica.
Entregarle todo el Grupo Echeverría a Estrella como condición para acabar con esto...
¿Qué significaba eso?
¿Que la familia Echeverría caería a lo más bajo?
La abuela no podía soportarlo.
—Me estás bromeando, ¿verdad?
Esto no podía ser cierto.
—¿Tú qué crees? —respondió Alonso con una calma perturbadora ante los regaños.
—Tú... tú...
—¿Tiene usted una mejor idea?
¿Una mejor manera de que Estrella acepte el divorcio?
—¡Me vas a matar de un coraje! —gritó ella y le colgó el teléfono.
No podía seguir hablando con Alonso.
Si seguía, se iba a volver loca.
No, de hecho, ya lo estaba.
***
»¡Esa idea no suena nada mal!
Isidora sintió que la sangre se le helaba.
Solo en estos días casi se había vuelto loca; si tuviera que soportar eso durante años...
No...
¡No podría aguantarlo!
—¿A mi edad quieres que soporte tu venganza por tantos años?
El tiempo que Estrella pasó en el orfanato no fue poco.
Al ver el miedo en sus ojos, Estrella soltó una carcajada.
—¡Es lo que te mereces!
Ver esa mezcla de terror y furia en los ojos de Isidora le provocaba una enorme satisfacción.
Por fin sentía algo de alivio.
Especialmente al ver las marcas de los golpes que le habían dado los propios Echeverría. Patético, realmente patético.
Isidora, mirando a Estrella con horror, balbuceó:
—¿No te trataron bien en el orfanato? ¿Por qué tienes tanto rencor hacia mí?

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