—Ya basta, esto está por terminar.
Todo estaba a punto de acabar.
Marcelo, al ver entrar a Estrella, le ordenó a Eduardo, que iba al volante:
—Manda más gente para acá.
—¡Sí, señor! —asintió Eduardo.
Alonso había sido presionado demasiado fuerte por Estrella últimamente.
Y él nunca había sido un hombre cobarde. Si había aguantado tanto tiempo, seguramente era porque todavía sentía algo por Estrella.
Pero ahora era diferente...
Con las cosas escalando de esta manera y llegando a un punto de quiebre, ¿quién podía saber cuánto afecto quedaba?
***
En cuanto Estrella cruzó la puerta, Malcolm se acercó a recibirla.
—¿El señor Hill le llamó?
—No, ¿por qué? —preguntó Estrella, mirando a Malcolm con extrañeza.
—Isidora logró contactar a la esposa del señor Hill.
Estrella se quedó callada un momento.
¿Contactaron a la esposa de Brandon Hill?
Al escuchar esto, Estrella soltó una risa irónica.
—Realmente subestimé su capacidad.
Antes, Malcolm le había dicho que Isidora y Mariela Echeverría estaban buscando el contacto de la señora Hill. Ella había pensado que, en su situación actual, no tendrían los medios para encontrar a alguien en el Reino Unido.
Pero parecía que sus mañas eran bastante efectivas.
—¿Llamó Brandon? —preguntó Estrella.
Malcolm asintió.
—Sí.
—¿Qué dijo?
—La esposa del señor Hill no sabe cuál es la situación real, así que solo respondió con una palabra: «¡Enterada!».
Tal como Estrella pensaba.
En el sótano, Isidora y Mariela estaban llenas de esperanza gracias a la señora Hill.
¡La esperanza de que la señora Hill destrozara a Estrella!
Sandra ya se había dormido.
Mónica yacía en la cama como un cadáver, sin una pizca de vida. Su celular no dejaba de vibrar una y otra vez.
Isidora y Mariela la ignoraban, discutiendo animadamente entre ellas.
—¡Por fin se va a acabar! —dijo Mariela, soltando un suspiro de alivio total.
—Esa maldita... —escupió Isidora—, ¡todavía decía que no viviría para verla caer! Ni siquiera se fija en con quién se metió; ese hombre tiene familia, ¿qué tan en serio podría tomársela?
—Exacto. ¡Por más que a los hombres les gusten las aventuras, si no planean divorciarse, la amante siempre sale perdiendo! —secundó Mariela con satisfacción.
Sin dejar hablar a Isidora, añadió:
—Mamá, ya me muero por ver cómo la señora Hill despedaza a Estrella. ¿Cuándo crees que la busque?
—¡No pasarán más de tres días! —aseguró Isidora con tono firme. Su voz, su mirada y su expresión rebosaban arrogancia.

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