Entrar Via

¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 745

Daniel se pasó un buen rato quejándose por teléfono con Renato, pero ni así logró pensar en una forma de encontrar a Alonso.

Justo cuando estaba por colgar, Daniel soltó de repente:

—Oye, con el desmadre que traen Estrella y Alonso de ejemplo, ¿estás seguro de que tu relación con Violeta podrá desafiar la autoridad de tu papá?

Antes, tanto el jefe de la familia Álvarez como el de la familia Ibáñez se llenaban la boca hablando de delegar poder.

¿Pero qué poder delegaban realmente?

No era más que un entrenamiento temporal para ellos.

El día anterior, cuando regresó de dejar a Alonso, su papá casi lo mata a regaños. ¿Acaso parecía alguien con verdadera autoridad?

Casi lo desheredan y lo corren de la casa, qué iba a estar pensando en poder.

Así que...

Todo eso de cederles el control era de dientes para afuera. A la hora de los chingadazos, la autoridad de los viejos seguía siendo intocable.

Al escuchar esto, Renato se quedó en silencio al otro lado de la línea.

Tras escuchar su suspiro, Daniel añadió:

—Además, Estrella no es como Violeta. Si tu papá decide irse contra Violeta, no vas a poder protegerla.

Estrella ya tenía a Marcelo respaldándola, para empezar.

Y por si fuera poco, a la familia Harrington...

Esa era la verdadera razón por la que un imperio tan grande como el de la familia Echeverría se había derrumbado bajo su mando.

Pero el caso de Violeta era completamente distinto.

Ella no tenía a ningún Marcelo cuidándole la espalda, ni a una familia poderosa detrás.

Y Renato no tenía el mismo nivel de autoridad implacable en la familia Ibáñez que el que llegó a tener Alonso en la suya.

—Mejor preocúpate por tus propios problemas —le cortó Renato.

Daniel se quedó mudo.

O sea, ¿es en serio...?

—Sale, pues. Ya vi que de metiche no gano nada.

Uno que trataba de ser buen amigo y advertirle, y resulta que salía regañado.

Sin decir más, cortó la llamada.

Sin embargo, justo al colgar, una sombra se atravesó frente a él, obligándolo a pisar el freno de golpe por el susto.

El auto se detuvo en seco, haciendo que las llantas rechinaran escandalosamente contra el pavimento.

Por suerte, logró detener el vehículo centímetros antes de atropellar a la persona.

Empapado en sudor frío, Daniel miró hacia el frente. Cuando se dio cuenta de quién era, la sangre le hirvió de coraje.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!