—Entonces deben de estar muertas de la desesperación y ahogándose en arrepentimiento.
Al decir eso, la voz de Violeta destilaba una satisfacción y alegría que nunca antes había mostrado.
Ni siquiera quería imaginar qué clase de vida había llevado su amiga todos esos años entre la familia Echeverría.
Por fin se había liberado por completo de ellos, obligándolos a lamentar todo lo que hicieron.
Al escucharla, Estrella soltó una ligera risita:
—Qué bueno, eso es exactamente lo que buscaba, que sintieran que se morían.
Aunque no las estaba liquidando físicamente.
Isidora y Mariela ya habían procesado toda la información, lo cual era casi equivalente a darles el golpe de gracia.
—¿Tienes noticias de Mónica? —preguntó Estrella.
La idea de que esa mujer aún pretendiera quedarse a vivir en la Mansión Echeverría era un chiste de mal gusto.
Lo que menos se esperaba Estrella era que tuviera el descaro de seguir colgándose del fallecido Julián.
Ese hombre tan culto y amable, pero que también irradiaba firmeza.
Se suponía que sería la estrella más brillante de todo Nueva Cartavia...
¡Y pensar que había terminado muerto por culpa de una arrastrada!
Hablando de ella, Violeta se sintió intrigada:
—Justo ahora, cuando venía de regreso, vi que Mónica se subió a un coche.
—¿A qué coche?
—A un Bentley.
Estrella se quedó pasmada.
¿Un Bentley? ¿Alguien estaba apoyando a esa víbora?
En plena crisis, ¿quién en la ciudad era tan estúpido como para atreverse a ayudar a alguien de la familia Galindo?
Sin darle tiempo de hablar.
Violeta prosiguió:
—Se me hizo rarísimo, así que los seguí en secreto. ¿A que no adivinas adónde fueron?
—¿Adónde?
—A Villa La Luna Plateada.
¿Villa La Luna Plateada? Uno de los vecindarios más exclusivos de Nueva Cartavia...
Ahí solo había mansiones independientes de lujo.
¡¿Mónica había sido llevada a Villa La Luna Plateada?!
—¿Pudiste ver de quién era el Bentley?


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!