Al salir del hospital.
Violeta revisó su celular, que no dejaba de sonar. Era otro mensaje de Renato: [¡Eres una desalmada! El bebé no tiene la culpa de nada. Yo fui el que desconfió de ti. ¡Si tienes coraje, desquítate conmigo!].
Violeta rodó los ojos.
Leer esos dramas la dejaba francamente sin palabras.
Cuando lo veía echando desmadre con Alonso y los demás, siempre le dio la impresión de ser un bueno para nada.
¿Pero cómo demonios se había enterado tan rápido de su embarazo?
Qué barbaridad...
¡Ella ni siquiera planeaba decírselo, y ahora le salía con que se desquitara con él!
¿Desquitarse de qué? Si ya se iban a separar, no había nada más que discutir.
Le llegó otro texto: [Por favor, hay que platicar. No tomes decisiones a lo loco. Por lo que más quieras, no le hagas nada a nuestro bebé...].
Era evidente que Renato estaba en pánico absoluto.
Especialmente ahora que Violeta no le tomaba las llamadas ni le contestaba los mensajes.
En momentos así, eso era lo que más desesperaba.
Violeta se paró a la orilla de la calle a buscar un taxi, sin la más mínima intención de hacerle caso.
De pronto, un coche se frenó justo frente a ella.
Pensó que era un taxi, pero se trataba de un lujoso auto. Por puro instinto, dio un paso atrás.
La ventanilla bajó a la mitad, ¡y asomó la cara de Daniel!
—Señorita Pizarro, ¿qué hace por acá?
Violeta frunció el ceño.
Al conocerla por ser novia de Renato, Daniel simplemente quiso saludarla por cortesía.
Pero le llamó la atención verla frente a un hospital.
—Vine a... ¡ver a un amigo! —se excusó ella.
—Por lo visto anda buscando taxi, ¿quiere que le dé un aventón?
—No, no hace falta, ya vienen por mí.
Tras decir eso, Violeta se dio la media vuelta para huir a toda prisa.
Ese tipo era de los mejores amigos de Renato, mejor mantener su distancia.
Aunque Estrella se llevaba bien con él, Violeta no lo conocía del todo.
Así que prefería pintar su raya...
—Sí, afuera de una clínica por acá. Se me hace súper raro, habiendo tan buenos hospitales en Nueva Cartavia, ¿qué hace consultando hasta Marbella?
—¡Escúchame bien, ve a detenerla ahorita mismo! —gritó Renato a través de la bocina.
Ni siquiera lo dejó terminar de hablar, lo cortó de tajo por pura desesperación.
Ante la urgencia en su voz, Daniel se quedó pasmado.
—¿Qué?
—¡Fue a deshacerse de mi hijo!
—¿Deshacerse de tu hijo? ¿Cuál hijo? ¡Yo no le vi ningún chamaco!
Daniel no terminaba de captar a lo que se refería; pensó que tal vez la estaba acusando de regalar a algún escuincle.
Renato sintió que la lentitud de su amigo casi le provocaba un infarto.
—¡No manches! Puta madre, tu cerebro está cabrón...
—¡Está embarazada! ¡Lleva un hijo mío y fue al hospital a abortarlo!
—¿Ah? —soltó Daniel, cayendo por fin en cuenta.
—¡Te ruego que la entretengas, alcánzala rápido! —suplicó Renato.
No podía contactar a Violeta por ningún medio, y ahora que Daniel se la había cruzado, era su única esperanza; por supuesto que estaba al borde del colapso.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...