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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 968

—¿Así que quieres vengarte de ella?

—¿Acaso no puedo? —preguntó Violeta—. Ahora mismo tengo muchísimas ganas de darle una lección a Adara, ¡esa perra!

—¡Puedes! —respondió Estrella—. Solo tengo que mandar a mi gente a que se encargue de ella.

—¿Ah? ¿Así de directo?

—¿Y entonces? ¿Acaso prefieres romperte la cabeza pensando en cómo tenderle una trampa?

No había necesidad de pensar tanto, ¿verdad?

Violeta se quedó muda.

—...

Idear un plan contra Adara parecía demasiado agotador, y a ella tampoco le gustaba actuar así.

—¿Entonces tú... te encargas de ella? —preguntó Violeta, tanteando el terreno.

¿Era en serio?

¿Por qué sentía que desde que Estrella había ido a Inglaterra, se había vuelto mucho más contundente en todo lo que hacía?

—Sí, yo te ayudo.

—¿De verdad está bien ser tan directas?

—¿Qué te preocupa? —preguntó Estrella.

—Renato... —murmuró Violeta.

—Si ya estás a punto de dejarlo, ¿qué te importa si te reprocha lo de Adara o no?

—¡Tienes razón, no me importa!

—¿Ves? Asunto resuelto.

Si ya no había nada de qué preocuparse, ¿quién podría detener su locura ahora?

Al principio, Violeta sentía cierta vacilación instintiva, pero después de escuchar a Estrella, ¿qué sentido tenía contenerse?

¡Ya no le importaba nada!

—¡Hecho!

Respondió con firmeza, con una sola palabra.

Era cierto lo que decía Estrella. Ella y Renato ya estaban en un punto muerto.

¡Ni siquiera planeaba seguir con él!

Quizás, al hacer este escándalo, Renato pensaría que era una mujer malvada y finalmente la dejaría en paz.

Pensándolo bien, la mentalidad directa de Estrella no estaba nada mal.

—Hace un rato ella llamó a Renato para decirle que la habían drogado —comentó Violeta—. Le pidió que fuera a recogerla.

—Entonces dejaré que mi gente vaya por ella.

Eso lo hacía todo más fácil.

El único temor era que Adara estuviera a salvo. Ya que ella había querido buscar problemas, era perfecto que ahora les tocara a ellas mover las piezas.

—Pues le haré exactamente lo que ella quiera. Con las drogas que le metieron en el cuerpo, seguro tiene muchas ganas de...

—¡Violeta!

Al escucharla decir eso, Renato la interrumpió con furia.

Su respiración sonaba agitada a través del teléfono.

—Ella te llamó, ¿no? Seguramente quería que tú...

—¡Cállate!

Las groserías que Violeta iba a soltar quedaron truncadas cuando Renato la volvió a interrumpir.

—¡Bueno, no digo más! En resumen, sea cual sea su objetivo, ¡yo me encargaré de complacerla!

—¿Dónde está?

—¡No lo sé! ¿Cómo voy a saber a dónde se la llevó esa gente?

—¿Acaso no te das cuenta de lo que estás haciendo?

—¿Y tú sí? —replicó Violeta, devolviéndole el golpe de forma tajante.

Él estaba a punto de casarse con Adara y, al mismo tiempo, le pedía a ella que tuviera a su hijo.

Entonces, haciendo cuentas, ¿quién de los dos estaba más confundido?

—Ella logró que yo fuera el hazmerreír de Nueva Cartavia, ¡considera esto como una pequeña muestra de agradecimiento!

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