Cuando debió tratarla bien y llamarla como su mujer, no lo hizo, se la pasaba de lamebotas con esa Mónica Galindo.
¡Ahora Estrella ya había perdido toda esperanza con él!
Pero qué fácil le salía llamarla cariñosamente...
Si de verdad él hubiera tomado en serio su matrimonio con Estrella, a estas alturas ya hasta tendrían hijos.
—En la mañana también me mandó mensaje: «¡Buenos días, mi amor!» —se quejó Estrella, haciendo corajes.
—Seguro ahorita tienes unas ganas tremendas de matarlo, ¿verdad? —preguntó Violeta.
—¡Sí, muchísimas!
Violeta se quedó sin palabras. ¡Pues claro que tenía ganas!
—¿Y también quieres matar a Marcelo Castañeda? —preguntó su amiga.
Marcelo había ayudado a Mónica. El odio que Estrella sentía por Mónica era prácticamente el mismo que le tenía a la familia Echeverría.
Al escuchar lo de matar a Marcelo... Estrella se quedó en silencio.
Pero solo fue por un instante, y luego respondió:
—La verdad, no.
No tenía intenciones de acabar con Marcelo. Lo único en lo que no dejaba de pensar en ese momento era en descubrir por qué él había ayudado a Mónica.
Y si él... ¡sería capaz de hacerle daño a la familia Harrington!
Se preguntaba cuántas cosas le estaría ocultando, y si ella... no era más que un peón en su tablero de ajedrez.
Pensó en Mónica y Martín Cáceres. Estaba segura de que, cuando Martín quiso utilizar a Mónica, también la trató con una ternura infinita.
Aunque comparar a Marcelo con Martín era una grosería, con el antecedente de Mónica y Martín, no le quedaba de otra más que andar con cuidado...
—Lo que no entiendo es, ¿por qué ayudó a Mónica? —preguntó Violeta, bastante confundida.
Se suponía que Marcelo era quien más debía estar del lado de Estrella. Sin embargo, terminó ayudando a Mónica.
—Voy a poner a alguien a investigarlo —dijo Estrella.


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