—A mí también me da muy mala espina —confesó Estrella—. No eres la única, yo ya empecé a pensar lo mismo.
—Pues yo que tú le iba platicando todo a tu hermano —le aconsejó Violeta—. En estas situaciones no hay por qué andarse guardando las cosas. Al final del día, nada es más importante que la familia, y ellos están ahí para cuidarte.
Estrella se quedó en silencio; con esa recomendación de Violeta, se sintió todavía más atorada.
—Mira, cuando las cosas se ponen así entre la pareja y la familia, la verdad es que uno debe tirar para el lado de su sangre —insistió Violeta.
—Ya platiqué con mi hermano, y él me dijo que confíe en Marcelo —explicó Estrella, revelando lo que en verdad la tenía tan perpleja. Frente a un problema de ese calibre, Callum actuó como si se tratara de la cosa más trivial del mundo.
—¡Ay, tu hermano...! —exclamó Violeta sin dar crédito.
Hubo una pausa en la línea.
—Pero bueno, de algo hay que estar seguros, tu hermano es una fiera. Maneja un montón de cosas en Inglaterra; dudo mucho que alguien se lo quiera agarrar de bajada.
Estrella soltó un murmullo de afirmación y no dijo más. Si de verdad las cosas fueran así, no habría mejor noticia. El problema era Marcelo... que tampoco se trataba de cualquier persona.
Siguieron platicando un buen rato antes de dar por terminada la llamada.
Al quedarse a solas, el rostro de Estrella no podía ocultar una inmensa preocupación; la situación la tenía verdaderamente abrumada...
Ese día no había salido de la casa. Marcelo tampoco la había acompañado a desayunar por la mañana. El que sí no daba tregua era Alonso, que seguía mandándole mensajes. ¡De mañana y de noche! Al mediodía... ¡también!
Por ejemplo, el que acababa de llegarle: [Acuérdate, no te involucres con Marcelo, ¡no es una buena persona!]
Siempre que salía a flote el tema, le repetía la cantaleta de que Marcelo no era buena persona. ¡Lo decía como si el mismo Alonso fuera un santo!
Estrella dejó el celular a un lado, muy fastidiada. Al poco rato apareció Brandon Hill.
—¿La noto algo preocupada, señorita? —preguntó Brandon al notar su semblante.
—No, no es nada —negó Estrella.
Ella no era de las que andaban ventilando sus problemas con el primero que se le cruzara; casi nunca abría la boca cuando no era necesario.


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