Tratándose de hombres, cuando es momento de pasar página, hay que dejar las cosas ir.
Así fue con Alonso, y ahora con Marcelo, Estrella seguía pensando lo mismo...
Esa noche fue bastante difícil para Estrella; se la pasó dando vueltas en la cama, sin poder pegar el ojo.
Tanto así que, al levantarse a la mañana siguiente, se veía completamente agotada.
Cuando Malcolm la vio, también tenía un semblante muy serio.
—¿Ya te encargaste de Mónica? —preguntó Estrella al sentarse en el comedor y mirar a su subordinado.
Al hacer esa pregunta, incluso antes de que Malcolm respondiera, Estrella supo que lo más probable era que las cosas no hubieran salido bien.
Solo bastaba con verle la cara.
—No —respondió Malcolm, negando con la cabeza y con expresión sombría.
No lo había hecho...
Estrella se quedó sin palabras.
Al escuchar ese resultado, no dijo nada más, simplemente se quedó mirando a Malcolm en silencio.
En realidad, por la reacción que tuvo Marcelo ayer cuando ella dijo que iba a matar a Mónica, ya sabía que el asunto no sería tan sencillo.
Y, efectivamente...
—La gente del señor Castañeda llegó a Villa La Luna Plateada antes que nosotros y se llevaron a Mónica —explicó Malcolm al instante—. ¡No sabemos a dónde la llevaron exactamente!
Estrella no supo qué decir.
Los hombres de Marcelo se la habían llevado.
Era un resultado de esperarse, pero al escucharlo de verdad, sintió un nudo en el estómago.
¿Por qué tenía que ser Marcelo...?
Los métodos que estaba usando para proteger a esa mujer eran tan implacables como los de Alonso en su momento.
—Señorita... —murmuró Malcolm.
—No digas más.
Estrella cerró los ojos, sin ganas de seguir escuchando.
—¿Por qué no le pregunta al señor Castañeda cuál es el motivo de todo esto?
Decir que Mónica era la amante del anciano Castañeda era un disparate imposible.
Si de verdad fuera la amante de su padre, lo lógico sería que Marcelo la soportara menos.
¡Y sin embargo, ahora la estaba protegiendo!
En ese instante, Estrella sintió que la sangre se le helaba...
Malcolm suspiró; al final, no supo qué más decir.
Estrella tomó una cucharada de sopa de su plato y, poco después, apareció Marcelo.
Ese día, él lucía distinto a como solía ser.
Llevaba consigo un aura bastante fría.
Era algo muy evidente; Estrella lo sintió en el instante en que cruzó la puerta.
Al verlo llegar, el mayordomo le sirvió el desayuno, como de costumbre.
Parecía que ya sabían que vendría, porque todo estaba preparado.
Marcelo se sentó en el lugar junto a Estrella, observándola mientras ella tomaba su sopa en silencio.
Desde que él entró, ella no había levantado la cabeza ni le había dedicado una sola mirada.
—Su desayuno, señor Castañeda.
—Gracias —agradeció Marcelo en voz baja.
Parecía tener molestias en la garganta, ya que su voz sonaba un poco áspera.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...