¡Hablando de Alonso!
El tono de Mariela dejaba en claro que él era su última carta, pero en todo ese tiempo, Alonso no se había dignado a pararse por ahí ni una sola vez.
—Con que tu hermano logre cuidar su propio trasero, ya es ganancia —respondió Isidora.
Isidora tampoco tenía idea de cómo le estaba yendo a Alonso.
Solo le quedaba rezar para que estuviera a salvo.
—¿Y en qué estará tan ocupada mi hermana Cintia que ni siquiera ha venido a vernos? —se quejó Mariela.
Adentro también necesitaban dinero para subsistir.
A las demás reclusas sus familias les mandaban dinero, pero desde que ellas habían pisado la cárcel, nadie les había dado ni un peso.
Cuando su papá, José Luis, las fue a visitar, tampoco les dejó ni un quinto.
Cintia era la única que podía apoyarlas económicamente en ese momento, pero la muy ingrata ni sus luces.
¡Ah, Cintia!
La expresión de Isidora se ensombreció:
—Esa muchacha siempre ha sido una desconsiderada, desde chiquita.
Por supuesto que Isidora también estaba molesta con ella.
Pensaba igual que Mariela: por muy mal que estuvieran las cosas, lo mínimo que podía hacer era ir a verlas y llevarles algo de dinero.
Y al final, la fulana brilló por su ausencia.
¡No se podía contar con ella para nada!
La hija desconsiderada las había abandonado, y la «considerada»... estaba encerrada ahí mismo con ella.
Qué ironía de la vida.
—Cintia de verdad se pasa. ¿Qué no entiende lo horrible que es estar aquí adentro? —reclamó Mariela—.
Además, estos podrían ser nuestros últimos días. ¿Tanto le cuesta hacer que la pasemos un poco mejor el tiempo que nos queda?
De puro coraje, a Isidora se le quitaron las ganas de seguir hablando.
***
Inglaterra.
Los hombres de Marcelo no habían podido encontrar a Mónica, pero tampoco habían recibido reportes de que estuviera muerta.
Él estaba convencido de que Estrella no sería capaz de ser tan despiadada como para quitarle la vida así nada más.
Además, ella no era esa clase de persona.
Así que, a primera hora de la mañana, ¡volvió a buscarla!
Estrella iba saliendo justo cuando él llegó. Obviamente, al verlo, lo recibió con una pésima actitud.
—Tu hermano quiere hablar contigo —le dijo Marcelo.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...